La pregunta por la extraña relación entre “FIL” llenas y escasa lectoría en nuestro país parece mostrar un problema, también, de “lectura del dato”. Toda ciudad, especialmente con crecientes síntomas de urbanismo, necesita espacios o puntos de encuentro e interacción social. Espacios donde la gente se encuentre, se cruce, se concentre y se disperse para lo que sea, para comprar, para jugar, para contemplar, en fin, para disfrutar del viejo y atávico gusto por la juntada gregaria, propia de mamíferos. Desde los tiempos de la Feria del Hogar, donde tampoco es que los limeños de entonces lo compraran todo, Lima no dispone de estos espacios para la alta interacción social, con espacios abiertos, con la sensación de recorrer al aire libre y sin estrés, sin el riesgo de algún asalto al paso. La FIL, la Feria del Libro parece haber ocupado ese espacio y entonces convoca a los limeños de las cercanías, de la lima metropolitana, sobre todo por que les ofrece eso, espacios más o menos abiertos para caminar, para mirar y comprar cosas, y e no pocos casos simplemente para mirar gente. Un indicador de lectura más sincerado sería el número de bibliotecas públicas, no ferias de libros. El ejercicio, entre engañoso e interesado, de calcular las ventas de libros en las FIL con los índices de lectoría en nuestro país es poco menos que desavisado. Si la preocupación es por los índices de lectura nuestro interés tendría que estar puesto en el cumplimiento de la Ley 30034, Ley del Sistema Nacional de Bibliotecas, y específicamente en el nivel municipal. Toda localidad, toda circunscripción local, de vecindario debería contar con ese espacio donde ejercer el grandioso acto de abrir un libro y sumergirse en sus páginas. Ni la falta de recursos ni las prioridades urbanas pueden ni deben funcionar como coartadas para justificar la ausencia de bibliotecas públicas, comunitarias o municipales. Si el dato del número de chifas o de hostales es mayor al de bibliotecas, telecentros o museos, es muy difícil esperar mejores resultados que el actual, en materia de lectoría y acceso a libros. Los llenos en las Ferias de libros o los Excel con resultados en azul, no nos van a asegurar mejores niveles de lectoría en el país, y sencillamente por que la compra del libro no guarda relación directa con lectoría sino con incrementos y beneficios para las editoriales. Bibliotecas públicas en cada localidad, en cada nivel de circunscripción, al alcance de cualquiera en el barrio, es lo que realmente permitirá un incremento de los niveles de lectoría y consecuentemente, los niveles de comprensión lectora en nuestro país.
miércoles, 7 de agosto de 2024
domingo, 3 de febrero de 2019
Pasos importantes en el distrito de San Juan de Miraflores en políticas públicas del 'Libro y la Lectura'
En un proceso que inpresiona, y por las razones correctas además, la flamante administración municipal del distrito de San Juan de Miraflores ha empezado a dar pasos importantes en la meta de dar por fin vida a una necesidad por años postergada, a saber, la ‘Biblioteca Pública’ del distrito más antiguo de Lima Sur.
La semana que ha pasado, la Sra. Cita Santiago, miembro del Consejo del Libro y la Lectura, de la mano con la subgerente de Juventudes, Educación, Cultura y Deporte., en la persona de la Sra. Mery Flores de la Municipalidad, desarrollaron sendas visitas a distintas instituciones de la cultura oficial en nuestro país. Esta comitiva visitó en primer lugar la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de cultura, con quienes acordaron una visita próxima de sus representantes al distrito y a la sede de lo que será la Biblioteca Pública. Luego visitaron la Biblioteca nacional del Perú para reunirse con los profesionales vinculados al área de bibliotecas públicas, en cuyo encuentro se recogieron inportantes elementos para apuntalar las gestiones que viene desarrollando la Municipalidad de San Juan de Miraflores en estos propósitos de carácter cultural.
Y finalmente la comitiva se dirigió a la ‘Casa de la Literatura’ donde también se recogió valiosa información para enriquecer las próximas actividades a desarrollarse en el distrito relacionadas con la difusión del acceso a los libros y la práctica de la lectura.
Resulta verdaderamente destacable y encomiable los pasos que viene desplegándose desde la Sub Gerencia de Juventudes, Educación, Cultura y Deporte., que integra la Gerencia de Desarrollo e Inclusión Social de la actual gestión conducida por su alcaldesa María Cristina Nina. Son estas acciones las que en perspectiva constituyen las bases de una auténtica política ´pública a largo plazo así como el insumo que permitirá consolidar la identidad que un distrito como el de San Juan de Miraflores necesita forjarse para sí mismo.
Resta darle continuidad y empuje a estas gestiones para lograr darle vida a la biblioteca como tal, que será la base de todo el plan de promoción del libro y la lectura en el distrito, y así conseguir posicionar a San juan de Miraflores dentro del mapa de bibliotecas públicas que viene impulsando la IFLA a nivel global.
Felicitaciones al Consejo del Libro y la Lectura del distrito y así como a la Subgerencia y a la propia Gerencia de Cultura, Desarrollo Social y Deportes de la Municipalidad de San Juan de Miraflores.
Enlaces Relacionados:
miércoles, 26 de febrero de 2014
El Publimetro del Verano - Edición Braille
viernes, 20 de mayo de 2011
El Alma Matinal y Otras Estaciones del Hombre de Hoy
INFOLECTORPrograma de Lectura Accesible para Lectores con Discapacidad Visual
Infolector es el programa de accesibilidad a la información y la lectura en el Perú, que se hace posible gracias al compromiso y el patrocinio de la Universidad Ricardo Palma.
Tomo 3
El Alma Matinal y Otras Estaciones del Hombre de Hoy
EDITORES
VIUDA DE MARIÁTEGUI E HIJOS S.A. LIBRERÍA EDITORIAL "MINERVA" - MIRAFLORES
COLECCIÓN MARIÁTEGUI TOTAL
Todo lo escrito, vivido y pensado por José Carlos Mariátegui en un nuevo ordenamiento de sus textos.
PRESENTACIÓN
Los artículos escritos por José Carlos Mariátegui, que aparecen compilados en este libro, bajo el título de El Alma Matinal y Otras Estaciones del Hombre de Hoy, fueron ordenados y clasificados por el autor, poco antes de su muerte, con el fin de publicarlos en un volumen que debía llevar ese título. Esta ordenación hecha, sin duda, en forma provisoria, y que la prematura desaparición de su autor impidió le diera fisonomía defini- tiva, fue hallada contenida en un sobre, cuyo exterior presentaba, de su puño y letra, el título y el sumario de la obra, tal como aparece en la reproducción facsimilar que acompaña esta edición. Formaban el contenido del sobre, artículos que -con excepción de "Roma y el Arte Gótico"- en su totalidad habían sido publicados en varias revistas, principalmente en Variedades, Mundial y Amauta. De esta manera el libro estaba hecho. En la forma como José Carlos Mariátegui acostumbraba a producirlos
y que deja expuesta en el prólogo de sus Siete Ensayos al anunciar
que, según la idea de Nietzsche, "no amaba al autor contraído a la producción intencional, deliberada, de un libro, sino a aquél cuyos pensamientos formaban un libro espontánea e inadvertida- mente".
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Sobre los textos de las publicaciones a que hemos aludido, el autor introdujo algunas modificaciones manuscritas, principal- mente de forma. Nosotros no hemos agregado ni suprimido nada sobre estos originales -ni sobre ningún otro-, salvo la referen- cia circunstancial del momento en que fueron escritos, de la que damos debida cuenta. Hemos trascrito, pues, con toda exactitud el contenido de los originales. Nuestra mayor preocupación es la más escrupulosa fidelidad. Cada artículo está anotado con la correspondiente referencia al órgano de prensa en que fue origi- nariamente publicado, o posteriormente transcrito, para así remi- tir, con facilidad, al lector y al estudioso de la obra de José Carlos Mariátegui, a la fuente prístina de donde han sido tomados los ensayos que forman El Alma Matinal.
En nuestra labor de ordenamiento y clasificación de los escritos de José Carlos Mariátegui, hallamos otros que hemos incluido en la recopilación originaria -observando la misma escrupulosa fidelidad-, porque sus temas condicen perfectamen-
te con los capítulos respectivos. No hemos hallado, en cambio, ningún original ni publicación de lo que debió ser un capítulo de esta obra: nos referimos a la "Apología del Aventurero", que aparece en el índice manuscrito dejado por el autor. Sabemos que tenía la intención de escribirlo porque así lo manifestó en varias oportunidades, deseo que seguramente frustró su temprana muer- te. También debemos señalar que la "Teoría del Circo", que aparece en la cubierta manuscrita como un capítulo aparte, la hemos encontrado incluida en el "Esquema de una explicación de Chaplin", tal como se presenta en esta edición. Suponemos que el escritor tuvo la intención de ampliarla y darle autonomía en un capítulo.
En esta edición, la duodécima (1994) de las obras completas, se respeta el esquema original de José Carlos Mariátegui, inte- grándose al Alma Matinal el contenido de "El Artista y la Época
Y de "Signos y Obras" que, por razones editoriales -exigidas por las características propias de las ediciones populares-, se publi- caron en volúmenes separados. Vale la pena aclarar que en el sobre tantes veces aludido, en la sección "Signos y Obras", Mariátegui sólo consideró cinco artículos independientes y en- sambló con el título "La novela de la guerra" seis artículos más. Para esta edición hemos agregado todos los artículos de crítica literaria que publicamos en la serie popular con el nombre de Signos y Obras, con excepción de "Los amantes de Venecia" que aparece en Cartas de Italia.
También queda incorporado al libro al que pertenece, Cartas de Italia, el artículo "La última película de Francisca Bertini", separándola de "El artista y la Época". Finalmente el último capítulo de la primera edición de El Alma Matinal, "Especímenes de la reacción", queda incorporado, desde la edición sexta de
1974, al capítulo "Teoría y práctica de la reacción" de Defensa del Marxismo.
Queremos reiterar nuestro agradecimiento a los desapareci- dos doctores Antonio Navarro Madrid y Alberto Tauro del Pino por su eficaz y desinteresada colaboración en la compilación y anotación de la primera edición de esta obra. Mantenemos también el óleo de la carátula, obra de nuestro recordado pintor Sérvulo Gutiérrez.
LOS EDITORES
jueves, 10 de marzo de 2011
Bibliotecas Públicas se Plantan frente a Editoriales de Libros electrónicos
Contenidos digitales.
Bien visto, parece ser que el negocio de los libros electrónicos ofrecen grandes oportunidades tanto para la industria editorial, para el mercado de lectores y consumidores de literatura, y por extensión, para el medio ambiente. Un conjunto discreto de bits, recorriendo redes físicas o inahlámbricas, para posarse en diversidad de dispositivos de reproducción y ser leídos por los aficionados a la lectura en la era digital.
Sin embargo, como nada puede ser completamente feliz, algunas editoriales que ya le entraron al negocio de los libros y contenidos digitales juegan aún a sacarle el máximo de jamón a esta experiencia. Se supone que además de ya no necesitarse tumbar miles de árboles para dotar de papel al mercado de los libros, se suponía que la inmediatez así como el bajo costo, serían la característica de la dinámica del libro electrónico.
Sin embargo, no parece ser del todo así. En EEUU, una biblioteca pública ha decidido no permitir que le sigan metiendo el dedo, y ha llamado a boicotear a una de las grandes editoriales. La información llega del siguiente modo:
La situación no podía ir mejor, no habían tenido ninguna dificultad ni problema, el invento de los eBooks funcionaba perfectamente, hasta que Harper Collins cambió sus practicas de negocio. Han tomado la decisión de limitar las descargas de cada libro a 26, en cuanto llega a ese número el libro expira por lo que las bibliotecas tienen que comprarlo una y otra vez.
Esta decición no ha gustado nada y ha generado la indignación de una biblioteca pública de Missouri que encabeza las protestas contra este editor. Las comparaciones son odiosas y es que libros de papel de esta editorial llevan más de 7 años en la biblioteca y aún se conservan en un gran estado, mientras que tienen que monitorizar la descarga de cada eBook porque las 26 descargas expiran en cuestión de pocas semanas.
Así que las bibliotecas han decidido boicotear a este editor y no van a comprar ni un libro suyo más hasta que la situación cambie. Desde Harper Collins han dicho que están trabajando por encontrar el modelo de negocio que satisfaga a ambas partes. Y es que el boicot durará hasta que las bibliotecas y Harper Collins lleguen a un acuerdo.
viernes, 7 de enero de 2011
Libro: Un beso de Invierno
Gracias al servicio de digitalización de cidesi, se ha podido obtener este libro, del autor peruano José de Piérola, libro ganador del concurso Julio Ramón Ribeyro" del año 2001, organizado por el Banco Central de Reserva.
José de Piérola es uno de los escritores jóvenes, con más proyección y de gran recurso para la narración. Aquí la ficha completa del libro:
Título: Un beso de Invierno
Autor: José de Piérola.
Publicado: Banco Central de Reserva del Perú, Fondo Editorial,
Año: 2001
Dejamos aquí el libro para los usuarios con acceso a la biblioteca Infolector:
Descarga el Libro "Un Beso de Invierno".
domingo, 12 de diciembre de 2010
'Elogio de la Lectura y la ficción' por Vargas Llosa
Fundación Nóbel.
Foto: Reuters
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d'Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma -la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos -aunque nunca llegaremos a alcanzarla- a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy -que trato de ser- fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, IsaiahBerlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsiade Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.
De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.
De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.
Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman "las raíces", mis vínculos con mi propio país -lo que tampoco tendría mucha importancia-, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.
Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si -el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan- el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.
Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de "todas las sangres". No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el Àfrica con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!
La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.
Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso -triste consuelo- descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.
De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.
Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de cómo, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.
Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.
No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del "otro", siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.
El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban "el pie ajeno" -lindo y triste apelativo-, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño -la llamábamos el Barrio Alegre-, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.
El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Àlvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: "Mario, para lo único que tú sirves es para escribir".
Por razones de espacio en el post, dejamos el enlace de descarga del discuso completo en PDF.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El García Márquez de Mario Vargas Llosa
A mediados de 1958, García Márquez dejó de trabajar en «Momento». A raíz de la visita que hizo el entonces Vi-ce-Presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, a Cara-cas y de los disturbios que provocó —su automóvil fue apedreado y él abucheado y casi agredido por los mani-festantes—, el propietario de la revista, Ramírez Mac-Gregor, escribió una nota de excusas que debía aparecer como editorial de «Momento». Plinio y García Márquez decidieron publicar la nota con la firma del autor, en señal de discrepancia, lo que originó un escándalo. El resultado fue la renuncia de ambos y de varios redactores. García Márquez pasó a trabajar en una revista de la cadena Capriles, «Venezuela Gráfica», publicación escandalosa y chismográfica a la que la gente había rebautizado con el nombre de «Venezuela Pornográfica». También co-laboraba, esporádicamente, en la revista «Élite».
El carácter amarillento de la nueva revista no debió preocupar demasiado a García Márquez, para quien el periodismo había sido hasta entonces, de un lado, una ac-tividad alimenticia, y, de otro, una especie de deporte, una manera de estar en contacto con los hechos más no-vedosos y divertidos de la vida. Pero a fines de 1958 algo sucedió en América Latina que cambiaría totalmente esa actitud funcional y un tanto aséptica de García Márquez hacia el periodismo: la revolución cubana. En los últimos días de diciembre, la dictadura de Fulgencio Batista acabó de derrumbarse y Fidel Castro y sus barbudos entraron a las ciudades liberadas de la isla. El triunfo de los guerrilleros cubanos abría una nueva etapa en la historia de América Latina; la victoria de Fidel provocó de inme-diato un gran movimiento de solidaridad en todo el Con-tinente, y, sobre todo, en los medios estudiantiles e inte-lectuales. Fue el caso de García Márquez: como a muchos escritores latinoamericanos de su generación, la revolu-ción cubana hizo de él, por lo menos durante un tiempo, un hombre activamente comprometido en una acción política de izquierda.
En enero de 1959, para contrarrestar la campaña pe-riodística hostil que había surgido en Estados Unidos y América Latina con motivo de los fusilamientos de Cuba, Fidel Castro organiza ‘La operación verdad’, e invita a periodistas y observadores de todo el mundo a asistir al juicio de Sosa Blanco, García Márquez está entre los pe-riodistas que llegan a La Habana y asiste a las audiencias del juicio, sentado a muy poca distancia del acusado. Cuando éste es condenado a muerte, García Márquez firma con otros periodistas una petición pidiendo la revi-sión del proceso. En los cuatro días que permanece en La Habana sus amigos lo oyen hablar, nuevamente, de su proyecto de escribir alguna vez una novela sobre un dic-tador: los horrores de la dictadura de Batista, documen-tados durante las audiencias del juicio a Sosa Blanco, han reavivado ese proyecto concebido en los días finales del régimen de Pérez Jiménez. Aunque los fusilamientos de criminales de guerra en Cuba le han causado una impre-sión dolorosa, García Márquez regresa a Caracas firme-mente solidario de la revolución y entusiasmado con el clima heroico y mesiánico que se vive en Cuba. Más aún: regresa decidido a concretar de alguna manera práctica esta adhesión.
La oportunidad se presenta pronto. La revolución cu-bana acaba de fundar una agencia, Prensa Latina, en vista de las constantes deformaciones que las agencias interna-cionales cometen al propagar las noticias de la revolución. Al frente de la agencia está Jorge Ricardo Massetti, periodista argentino, viejo amigo del Che Guevara. Mas-setti propone a Plinio Apuleyo Mendoza y a García Márquez que abran la oficina de Prensa Latina en Co-lombia y ellos aceptan. En febrero de 1959 García Márquez retorna a Bogotá y de inmediato inicia sus actividades de periodista político. La tarea no es fácil y requiere una paciencia sin límites y habilidades diplomáticas. El objetivo es doble: enviar a La Habana crónicas veraces sobre la situación colombiana, y conseguir que los servicios informativos de Prensa Latina sean publicados por la prensa de Colombia, la mayoría de cuyos órganos ve cada día con más alarma la radicalización de Cuba. Trabajando con convicción, esforzándose porque los ser-vicios de Prensa Latina sean ágiles y objetivos dentro de su línea comprometida y venciendo a veces mediante la amistad y los contactos personales las prevenciones de directores de diarios, radios y revistas, Plinio y García Márquez consiguen durante buena parte de 1959 que las noticias de Prensa Latina se abran paso en la prensa y se difundan en la radio, contrapesando así en parte las in-formaciones hostiles a Cuba de las agencias norteameri-canas.
A mediados de año apareció en «El Tiempo», con una ilustración de Botero, «La siesta del martes». Ese mismo año se publicó, en un festival del libro, la segunda edición de «La hojarasca», con un breve episodio suprimido y algunas otras modificaciones . El 24 de agosto nació en Bogotá el primer hijo de los García Márquez, quien fue bautizado por Camilo Torres con el nombre de Rodrigo.
Tampoco el periodismo político, más absorbente que el que había practicado antes, lo apartó de su vocación. Al poco tiempo de instalarse en Bogotá escribió «Los funerales de la Mamá Grande» y luego rescató el manuscrito de los pasquines, para corregirlo. Esta es la historia de la nueva versión: «Después, en Bogotá, García Márquez releyó los originales de la novela y empezó a desalojar personajes y episodios, en un silencioso trabajo de carpintería mental, que concluyó con una determinación drástica: había que romper aquellas 500 cuartillas y escribir el libro de nuevo. Trazó un plan cuidadoso. Estableció de antemano los compartimentos de la historia, de suerte que a cada día correspondiera un capítulo; señaló el área de cada personaje; purgó adjetivos; esquivó la dominante influencia «faulkneriana» que se había hecho sentir en su primer libro y aprendió de Hemingway la magia de una sobriedad llevada al máximo rigor. Después de esto escribió en tres meses la novela iniciada cuatro años atrás.
»Sus amigos jamás se explicaron por qué, una vez concluida, y en apariencia perfectamente lograda, la novela fue puesta de nuevo en cuarentena por su autor, como tampoco entendieron la razón de que ella se quedara sin nombre. A falta de un bautizo legal, la novela tuvo un apodo de familia. Se llamó ‘el mamotreto’.
»El libro viajó por varios países en la maleta de su autor, compartiendo un espacio exiguo con un espantable saco de rayas eléctricas, semejante a los que usan los cómicos de la TV americana, que García Márquez lleva a todas partes, quizá como un recuerdo nostálgico de su aplazada vocación de director de cine» .
En setiembre de 1960, Jorge Ricardo Massetti llamó a García Márquez a La Habana, donde estuvo trabajando en Prensa Latina hasta fin de año. La situación en Cuba no era la misma que había encontrado en su primer viaje. Una vez que quedó claro que la revolución no se conten-taría con un cambio de personas en el gobierno, sino que aspiraba a realizar reformas profundas en la estructura social y económica del país y se hacía cada vez más evi-dente su orientación socialista, la hostilidad hacia el régimen por parte de Estados Unidos fue total. Y en la propia isla, los sectores conservadores e incluso liberales pero anti-comunistas, hacían oposición al régimen. Hab-ían empezado a registrarse actos de sabotaje y terrorismo con¬tra la revolución. De otro lado, en el seno del régimen había cierta tirantez: lo que más tarde sería denunciado por Fidel Castro como ‘la política sectaria’ de Aníbal Es-calante y su grupo, manifestaba sus primeros síntomas. Los viejos miembros del partido comunista, encabezados por Escalante, iban copando gradualmente los diversos órganos del poder, desplazando en ellos a gente del «26 de julio» y de otras fuerzas fidelistas. Esta pugna había llegado a Prensa Latina, donde la posición de Massetti se hallaba amenazada. García Márquez seguía este proceso con inquietud; al mismo tiempo, trabajaba con sus com-pañeros de la agencia a un ritmo infernal: «A mediados del sesenta regresé a La Habana; estuve trabajando seis meses y te voy a decir lo que conocí de Cuba: conocí el quinto piso del edi-ficio del Retiro Médico, una vista reducida de la Rampa, la tienda Indochina, que está en la esquina; conocí otro ascensor que me llevaba por la otra calle al piso veinte, donde vivía con Aroldo Wall. ¡Ah!, y conocí el restaurante Maracas, donde comíamos, a una cuadra y media de allí. Trabajábamos todos los minutos del día y de la noche. Yo le decía a Massetti: ‘Si algo va a hundir a esta revolución es el gasto de luz’» . Durante la estancia de García Márquez en La Habana, se decidió que iría a Nueva York como corresponsal.
Poco tiempo después aparecería la primera edición en libro de «El coronel no tiene quien le escriba», que se había fraguado algunos meses antes, durante un viaje de Gar¬cía Márquez a Barranquilla: «Dos años después, estando yo tirado al pie de la piscina del Hotel del Prado, en Barranquilla... le dije a un botones que me solicitara una llamada a Bogotá porque tenía que pedirle plata a mi señora. Alberto Aguirre, un editor antioqueño que estaba ahí —no sé por qué estaba, pero estaba ahí— me dijo que no le pusiera sebo a mi señora, y que más bien él me daba 500 pesos por el cuento ese que había apa-recido en «Mito». Ahí mismo le vendí los derechos en 500 pesos y hasta la fecha» .
García Márquez llegó a Nueva York con Mercedes y Rodrigo a principios de 1961 y se incorporó a la oficina de Prensa Latina como sub-jefe. El trabajo era intenso y riesgoso; los corresponsales eran objeto de amenazas constantes por parte de grupos de exiliados y, como no podían portar armas, tenían en sus escritorios varillas de hierro, para caso de agresión. Esta atmósfera se fue exa-cerbando en los meses siguientes y llegó a su clímax en abril, cuando la campaña anti-castrista en la prensa nor-teamericana alcanzó proporciones histéricas. Luego los acontecimientos se precipitan: el 16 de abril Fidel Castro proclama el carácter socialista de la revolución cubana. Dos días después, se lleva a cabo la operación que había montado cuidadosamente la CIA: aviones norteamerica-nos bombardean los aeropuertos cubanos, mientras un ejército de exiliados, entrenado en bases de Florida y Centroamérica, es desembarcado en Bahía de Cochinos. Una semana después, la invasión está liquidada, los in-vasores están muertos o prisioneros y todas sus armas han sido requisadas por la revolución. En Cuba, la pobla-ción festeja con entusiasmo delirante ‘la primera derrota del imperialismo en América’.
En las semanas que siguen, invisible para el grueso del público, se acelera en la isla el proceso que sería de-nunciado más tarde como el del ‘sectarismo’: la camarilla de viejos comunistas que encabeza Aníbal Escalante des-plaza mediante intrigas y maniobras burocráticas a la gente que no le es totalmente adicta en los puestos claves de la administración y en las empresas nacionalizadas; quienes se atreven a protestar son acusados de contra-revolucionarios. Prensa Latina es uno de los objetivos del grupo estalinista y la situación de Massetti se volvía in-sostenible: por presión de Escalante se ve obligado a re-admitir en la agencia a redactores que habían sido des-pedidos por incapaces. Disgustado con estas intrigas, García Márquez había escrito a Massetti diciéndole que iba a renunciar ‘antes de que me boten como contra-revo-lucionario’, pero luego, ante la inminencia de una inva-sión a la isla, retiró su renuncia. En mayo de 1961, Plinio Apuleyo Mendoza está en La Habana, Massetti le revela este estado de cosas y le comunica su intención de reti-rarse de Prensa Latina. Unas semanas más tarde, en Nueva York, Plinio y García Márquez renuncian también, en solidaridad con Massetti. Este, al apartarse de la agen-cia, ingresaría voluntariamente al Ejército rebelde, como soldado, y moriría años después, combatiendo, cuando trataba de organizar un frente guerrillero en la Argentina.
En Colombia, antes de viajar a Estados Unidos, García Márquez había recibido una carta de su amigo, el poeta Álvaro Mutis, que estaba en la cárcel, en México, en la que le pedía ‘algo para leer’. García Márquez abrió su in-separable maleta y le envió los cuentos que había escrito en Caracas y Bogotá. Meses después recibió en Nueva York una mala noticia: Mutis había prestado el manuscri-to a la periodista mexicana Elena Poniatowska y ésta lo había perdido. García Márquez no tuvo tiempo de preo-cuparse demasiado, pues había problemas más inmedia-tos que resolver. Acababa de perder su trabajo y sólo le quedaban unos pocos dólares. Había decidido retornar a Colombia. Plinio, que regresaba a Bogotá, se comprometió a girarle dinero a Nueva Orleans. Los García Márquez irían hasta allí en un ómnibus de la ‘Greyhound’. Así, además, García Márquez podría hacer realidad una vieja ambición: echarle un vistazo al sur faulkneriano: «Son veinte días de carretera, alimentándose con leche malteada, con hamburguesas, conociendo en Atlanta un áspero rostro de los Estados Unidos («no querían recibirnos en los hoteles porque creían que éramos mexicanos») y leyendo, en otro pueblo del Sur, un letrero que decía: «‘Prohibida la entrada de perros y mexicanos». En Nueva Orleans había 120 dólares esperándolos en el Consulado de Colombia, y un restaurant de prestigio in-ternacional, el Vieux Carré, con un menú capaz de resarcirlos de la dieta. «Pedimos un inmenso Chateaubriand —recuerda Gabo— y nos lo llevaron coronado por un durazno en almíbar. Furioso por el atentado, pedí hablar con el chef, y en mi mejor argot parisiense lo mandé siete veces a la m... Inútil: el chef, presuntamente francés, era un sureño cerrado» .
En Nueva Orleans cambia de planes y decide seguir por tierra hasta México, para dedicarse al cine como guionista. Aunque en la capital mexicana tiene algunos amigos ansiosos de ayudarlo (Álvaro Mutis, sobre todo) los primeros meses no son nada fáciles. Llegó a México exactamente el día en que los diarios anunciaban la muerte de Hemingway y esa misma noche escribió un conmovido artículo de homenaje . Pasó varias semanas sin conseguir ningún trabajo, endeudándose, y en ese período escribió un relato, «El Mar del tiempo perdido», con el que clausuraría toda una etapa de su vida de escritor . Pasarían varios años antes de que volviera a escribir fic-ciones. Cuando descubre que es muy difícil abrirse cami-no en el mundo del cine, se resigna a volver al periodismo. Gustavo Alatriste había comprado hacía poco dos revistas de gran tiraje, «Sucesos» y «La Familia», y estaba buscando quien las dirigiera. García Márquez se ofrece a hacer las dos revistas a condición de no escribir ni una letra en ellas. Fue responsable de ambas publicaciones durante dos años y ni siquiera tuvo una máquina de escribir en su oficina. Su trabajo consistía en diagramarlas y en llenarlas de refritos de todas partes. «La Familia» era una revista para señoras, con consejos matrimoniales, recetas de cocina y novelitas rosa, y «Sucesos» se especializaba en crímenes y episodios sensacionalistas.
viernes, 29 de octubre de 2010
Los Siete Hábitos de las Personas altamente Efectivas
Imagen Stephen covey.
Título original
The Seven Habits of Highly Effective People
Edición traducida al español (1997)
Editorial
Paidós Ibérica
ISBN.
Páginas
373
Serie
Los siete hábitos de la gente altamente efectiva
El
Descargar
libro en versión audiodigital.
miércoles, 27 de octubre de 2010
El ePub y la Fiesta del Libro Electrónico
Libros en Red.
En el editorial del Bole´tín de Libros en Red, se comenta acerca del formato ePub para libros electrónicos, y sus virtualidades frente a otros formatos ya conocidos. No estamos del todo de acuerdo, pero en todo caso, resulta muy significativo como indicador de la evolución que está experimentando el libro electrónico en la actualidad.
Aquí un video de cómo se ve un libro en formato ePub. Y seguidamente consignamos un extracto del editorial de Libros en red:
Tan instalado está el e-book que la Real Academia Española lo incluye en su diccionario, famosas librerías virtuales (como Amazon.com) comienzan a distribuir más versiones electrónicas que impresas y todas las empresas productoras de lectores digitales se desviven por conseguir instalar su modelo entre los más vendidos.
En LibrosEnRed procuramos estar siempre al día con todas las innovaciones del mercado. Por eso, hemos desarrollado el formato ePub para la edición de nuestros libros.
¿Qué tiene de especial este formato? Que, como está armado con un contenido redimensionable, se adapta a todo tipo de pantallas. Vale decir: se puede abrir y leer en prácticamente todos los dispositivos de lectura disponibles en el mercado hoy en día.
Es por eso que el ePub es el nuevo formato estándar en libros electrónicos: se puede abrir en iPhones, iPads, teléfonos celulares inteligentes (Nokia, Samsung o Android) y lectores de e-books (como el Sony Reader o el Nook). Por lo tanto, quienes cuentan con estos dispositivos de lectura (y que son cada vez más personas) buscan, y buscarán, este formato de libro electrónico a la hora de comprarse libros.
Eso no quiere decir que los formatos PDF o LIT dejen de estar vigentes. Solo que en lo que se refiere a libros (y no a documentos breves) lo más problable es que el formato ePub se vaya convirtiendo, en los próximos tiempos y para muchos lectores, en la opción preferida a la hora de adquirir un libro.
martes, 19 de octubre de 2010
La Creatividad como Recurso para el Crecimiento en entornos Inclusivos
CESCONT.
Tengo un amigo, ciego como todos nosotros, que desde ya hace un par de años se desempeña en una empresa de Contact Center. Jose Luis ha cursado filosofía en San Marcos, pero su inclinación y pasión, hasta ahora, siempre ha sido la literatura, los libros y la buena música. Lo suyo, no es la competitividad furiosa, ni el exitismo estresante. Básicamente, y como casi todos nosotros, tiene necesidades que cubrir y por lo tanto, lo asume con responsabilidad.
Jose Luis, luego de más de aproximadamente un año y medio de dedicarse exclusivamente a funciones de contact center, de hacer llamadas para fines de cobro, o de márketing, de acuerdo a las tareas que le encomendaban, recientemente ha sacado y orientado alguna de sus cualidades personales, para el cumplimiento de sus actividades. Que en síntesis, es el de escribir, el de redactar.
Sí, para quienes conocen la naturaleza de un Call Center, la necesidad de estar en permanente comunicación con clientes, expuestos a menudo con clientes hostiles, puede ser y de seguro es más que estresante. Y más aún, cuando, como en el caso de Jose Luis, preferiría una conversación afable, relajada, y sobre todo profunda. No, claro que no. Todos los teleoperadores, saben que tratar con clientes o usuarios de una empresa, es todo, menos relajante o apacible.
Pero, afortunadamente, Jose Luis ha podido poner en juego su buena redacción para la comunicación con los clientes. Y, al parecer, desde que alguno de sus superiores se percató de esa facilidad en Jose Luis, lo ha ocupado en atender y gestionar comunicación, vía mails.
Según hemos podido saber, hoy, Jose Luis, pasa más tiempo al uso del mail que en la atención de llamadas en sus actividades. De hecho, no es del todo aventurado afirmar que en el grupo de trabajadores donde se encuentra, y donde él es el único invidente, Jose Luis debe tener la mejor redacción y sentido del texto que sus compañeros.
En una actividad como la del contact center, o el call center, probablemente, tan importantes como tener una buena voz y dicción, sea el disponer de una buena redacción y un amplio vocabulario.
Creo que estas capacidades, estas formas de la creatividad, como el gusto por la lectura y la inclinación por el buen trato de un texto, pueden convertirse en insumos valiosos para fines de desempeño laboral y profesional.
Como ya lo referimos en alguna otra oportunidad, no es suficiente con necesitar un empleo o tener derecho a él. Tampoco es suficiente con adquirir un gran dominio de la computación, si no logramos desarrollar estas otras cualidades que están a nuestro alcance, y que no depende de la accesibilidad ni de la inclusión, sino, de una adecuada disposición a cultivar vocaciones edificantes como es el caso de la lectura y la literatura.
Bien por Jose Luis, bien por su desarrollo personal, y esperemos que cada vez más, los chicos y chicas invidentes que están saliendo de la edad escolar, puedan aprovechar y explotar adecuadamente sus vocaciones o inclinaciones personales.
martes, 20 de julio de 2010
Los Libros Digitales van Superando a los Libros en Papel
Cultura digital.
Hoy ha salido la nota sobre la ventaja que habría logrado la venta de los libros digitales sobre los libros impresos en papel, en la tienda de amazon. En Infolector creemos que mientras más espacio ganen los libros digitales, tanto más posibilidades para la accesibilidad en la lectura para ciegos.
La nota
posteada por José Luis González Quirós, dice lo siguiente:
Según Amazon.com, las ventas de los libros electrónicoshan superado por primera vez las de los de papel. Parece que, además del crecimiento normal cuando las cosas se hacen bien, el crecimiento se ha podido deber a la bajada de precios de su lector Kindle, que ahora vale solo 189 dólares, lo que ha hecho que en la primera mitad de 2010 se hayan vendido tres veces más Kindle que en la primera mitad de 2009. En el mes de junio Amazon ha vendido 180 libros digitales por cada cien libros impresos en papel, y eso que el precio de los digitales todavía no ha llegado a ser lo barato que podrá ser en el futuro.
Amazon tiene a la venta 630.000 libros digitales de pago y 1,8 millones de títulos gratuitos. Los libros de Amazon pueden leerse, además, en muchos otros dispositivos, además de en el PC con una aplicación que Amazon proporciona de manera gratuita. El futuro, por fin, se acerca.
viernes, 11 de junio de 2010
Gestiones sobre excepciones al Copy Right para Libros Accesibles
Desde hace ya más de dos años, CIDESI, en Perú, viene contribuyendo haciendo insidencia al interior del Estado peruano, por lograr el apoyo firme del Perú, a estas iniciativas que desde la Unión Mundial de ciegos, y puntualmente la Unión Latinoamericana de Ciegos, se viene impulsando las condiciones regulatorias internacionales para facilitar el flujo de libros accesibles para ciegos.
Tal como lo señala la propia Unión Latinoamericana de Ciegos, el objetivo de estos esfuerzos, son dos:
· Crear una base mínima compartida de excepciones que facilite la producción de libros accesibles.
· Eliminar las travas legales que no permiten la circulación y el intercambio de los libros accesibles entre organizaciones de diferentes países.
A continuación, consignamos lo señalado por la ULAC, a este respecto, y que señala la situación actual en que se encuentra esta gestión que requiere el apoyo de la mayor parte de países:
Brasil, Ecuador y Paraguay presentaron la propuesta de tratado en mayo de 2009 en la OMPI , que en el mes de diciembre obtuvo un importante apoyo de todos los países de nuestra región y de relevantes países asiáticos. Recientemente México se ha sumado como nuevo país patrocinante de la propuesta, lo que ha sido un paso muy importante.
Del 21 al 24 de junio próximos se realizará en Ginebra la 20ª reunión del Comité Permanente de Derechos de Autor y Derechos Conexos, donde se discutirá esta propuesta junto con otras propuestas presentadas por Estados Unidos y Àfrica.
Tras una consulta abierta realizada a fines de mayo en Ginebra, surgen cuatro posiciones:
a)Brasil, Ecuador, Paraguay y México han presentado una propuesta de agenda de trabajo para que las discusiones sobre el tratado avancen y se solicite a la Asamblea General de la OMPI que organice una conferencia diplomática inicios de 2012 donde se trabaje el texto y se produzca oficialmente el tratado.
b)Estados Unidos y Europa han presentado otras propuestas por las que buscan solucionar el problema del acceso a la lectura de las personas con discapacidad a través de una "Declaración no vinculante" que pretende ser una alternativa política a la propuesta de tratado.
c)Àfrica ha su vez a presentado una propuesta de avanzar en un tratado que incluya las excepciones para libros para ciegos pero que amplía sus objetivos buscando generar también excepciones para Bibliotecas y materiales educativos.
d)La OMPI y las organizaciones de Editores están impulsando también una "Plataforma de sectores interesados" que busca reunir a los editores con las organizaciones de ciegos y generar programas pilotos de aportes de libros por parte de editores y circulación internacional a través de "intermediarios de confianza". Esto tiene alcance muy acotado y formas sumamente restrictivas, a la vez que cuenta con mínima participación de países en desarrollo.
Desde ULAC se considera que un tratado vinculante es la herramienta adecuada, pues una vez firmado y ratificado por los diferentes países entra en vigor, obligando a los Estados parte a cumplir con los compromisos asumidos.
Las otras iniciativas propuestas tienen el riesgo de ser cumplidas sólo en forma parcial, de ser cumplidas en ciertos países pero no llegar nunca a afectar a otros y es aquí donde los países en desarrollo tienen mayores desventajas y menores posibilidades de que este tipo de propuestas se implementen.
En Perú, estamos haciendo los esfuerzos del caso, para lograr que el Estado peruano, se sume a este grupo de países impulsores de esta iniciativa de claro impacto en la inclusión de personas ciegas.
En post sucesivos estaremos consignando algunos de estos documentos de gran relevancia en la tarea en que nos encontramos con las demás organizaciones de personas con discapacidad visual de la región.
lunes, 29 de marzo de 2010
El Papel o el Audio
El experto en tecnología de consumo, Javier Matuk para los amigos, nos comparte sus previsiones acerca del rol del papel, en la vida de los libros. Según Matuk, en la actual disputa entre libros en papel y libros digitales, el primero tendrá todavía una larga vida, merced a la naturaleza de los libros, o, mejor dicho, de los e-readers.
Probablemente ello no esté lejos de la realidad. Para nosotros, desde el punto de vista de la accesibilidad, no cabe duda que el texto digital nos ha facilitado, nos abrió la puerta a una serie de posibilidades de accesos a títulos.
Para la accesibilidad, sin duda, la sola digitalidad de los libros, no nos asegura su accesibilidad. Se precisa cumplir con ciertos estándares. Pero, el que un texto se encuentre en una plataforma digital, ya nos asegura un camino hacia su accesibilidad.
por lo pronto sabemos que la iPad de apple, que llega ya en estos días, viene con opciones de accesibilidad. El Kindle no las incorpora aún. Por tanto, para complementar lo dicho por Javier Matuk, el mercado de los libros digitales, y de sus e-readers, pueden tener un gran nicho, entre los usuarios con discapacidades para la lectura, a condición de que se asegure la accesibilidad del sistema. Por lo pronto, android se está ocupando de contar con accesibilidad dentro de su plataforma; y todos los e-readers que vengan del Asia, con el Android OS, pueden ser de mucho interés para los lectores ciegos, y con problemas para la lectura convencional.
