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miércoles, 4 de septiembre de 2019

Poesía: MAÑANA EL MUNDO SERÁ CELESTE

Poesía

Hoy el mundo,
es un planeta ahuecado,
en donde solo fuego abita
aveces yovisna,
pero unas gotas,
no pueden apagar un fuego tan grande
hoy el cielo,
está a años luz,
y los planetas becinos,
se alejan buscándolo
y cada vez mas,
este mundo queda solo
pero mañana,
el mundo será celeste,
todo se llenará de flores,
y los pájaros bolarán libres,
y distinguirán las bentanas.
y el tiempo será amigo de los ombres,
y la muerte se irá a años luz,
y los planetas becinos,
querrán unirse a la fiesta.
y el cielo será tan sercano,
que se puede sentir su aroma,
y los dioses,
tendrán boz propia
y el mundo jirará,
y subsistirá por ti,
y seré el avitante mas feliz,
un súbdito con conciencia,
y tu, celeste
serás la reina.

Juan Luis Rodríguez Díaz

sábado, 5 de noviembre de 2011

Audiocast: Taller Literario para Escritores

Con el escritor Edmundo Paz soldán.
Paz Soldán
Con este post queremos inaugurar una nueva sección del blog, dedicada a compartir registros en audio o en video, de algunos eventos de interés para nuestros lectores, en temas como literatura, cultura, o acaso, de tecnologías.
En esta ocasión damos inicio con el audio de una charla, un taller literario ofrecido por el escritor Edmundo Paz soldán, a finales del año pasado, en el marco del Festival Ñ 2010, en la Casa de la Cultura de Lima.
Primero consignamos una breve ficha del autor, extraído de la Wikipedia, y seguidamente el archivo en audio, descargable desde los repositorios de Infolector.

José Edmundo Paz Soldán

29 de marzo de 1967, Cochabamba, Bolivia
Ocupación
Escritor, docente

Nacionalidad
Boliviana

Período Siglo XXI

Género
novela, cuento


Descarga de descarga
Archivo de Audio de Taller literario de Edmundo Paz Soldán<
Dejar comentarios en la sección coments, o en el grupo Inffolector de Facebook.

sábado, 20 de agosto de 2011

Taller de Literatura del Escritor 'Edmundo Paz soldán'

Audio del Taller realizado dentro del marco del 'Festival Ñ' 2011.
Edmudo
Para todos quienes gustan de la literatura, traemos aquí un audio que fue registrado en el marco de las actividades del Festival Ñ, que tuvo lugar en Lima, en la Casa de España, en noviembre del año pasado, 2010.
No hay mejor experiencia para quienes gustan de la literatura, y especialmente para los interesados en escribir, que escuchar a un escritor joven pero con experiencia. Edmundo Paz soldán es un escritor de orígen boliviano, residente en EEUU, profesor de literatura en algunas universidades y con varios libros publicados.
Dejamos aquí enlace a su perfil en Wikipedia.
Y aquí, el enlace de descarga del audio:
Taller Literario de Edmundo Paz soldán en el Festival Ñ de Lima 2011

martes, 10 de mayo de 2011

Para Creadores de MicroRelatos

PREMIO REVISTA EÑE DE LITERATURA MÓVIL.
Escritores.org
Con la imagen de Ian McEwan, por su calidad más que por la extensión, consignamos las Bases de la convocatoria al 'Premio Revista Ñ de Literatura Móvil''. Animamos nuevamente a todos los escritores y aficionados a la literatura de todas las condiciones, a lanzarse al sublime reto de la creación leteraria.
dejamos la nota aparecida en el sitio de Escritores:
Bases
PRIMERA
El premio se inicia el lunes 9 de mayo en la web de Eñe (www.revistaparaleer.com). Tiene una duración de 8 semanas, pudiendo participar hasta el viernes 1 de julio inclusive.
SEGUNDA
Podrá participar cualquier persona desde cualquier lugar del mundo.
www.escritores.org
TERCERA
Los participantes podrán enviar todos los microrrelatos que deseen cada semana.
CUARTA
Cada microrrelato tendrá una extensión máxima de 480 caracteres (incluyendo los espacios y signos de puntuación), incluida la firma. La temática será libre. Sólo cuenta la calidad.
QUINTA
El relato debe estar escrito en castellano y no debe haber sido publicado en ningún libro ni revista, ni galardonado en el momento del fallo del premio.
SEXTA
El ganador del premio semanal no podrá volver a participar las semanas restantes, aunque sí opta, obviamente, al Gran Premio Final. Los 9 finalistas de cada semana, en cambio, sí pueden seguir participando el resto de semanas.
SÉPTIMA
Los microrrelatos podrán enviarse a través de teléfono móvil (SMS o MMS) o de la web de Eñe.
La recepción de relatos se realizará cada semana desde el domingo a las 24 horas (hora española) hasta el viernes a las 24 horas (hora española). Los relatos recibidos fuera de esos plazos no optarán a premio.
Cada lunes se darán a conocer los nombres del ganador y los finalistas de la semana anterior en www.revistaparaleer.com
OCTAVA
Si se elige la modalidad de ENVÍO A TRAVÉS DE UN TELÉFONO MÓVIL, el participante deberá enviar su microrrelato al teléfono 911 061 449 (00 34 911 061 449 si lo envías desde fuera de España). El coste de cada SMS o MMS es el que el participante pague normalmente a su empresa de telefonía.
Inmediatamente, el participante recibirá un SMS confirmando la participación con un código que identificará su trabajo y que debe conservar hasta el fallo del premio. Por cada relato con el que participe recibirá un código diferente. El participante deberá firmar su relato, con su nombre y apellido/s. El nombre y apellido/s deberán añadirse al final del relato.
NOVENA
Si se elige la modalidad de ENVÍO A TRAVÉS DE LA PÀGINA WEB de Eñe (www.revistaparaleer.com) el participante deberá rellenar la inscripción, incluyendo: su nombre y apellido/s, su número de teléfono (el ganador será contactado por teléfono), su email y el microrrelato. El participante recibirá un e-mail confirmando la participación, con un código que identificará su trabajo y que debe conservar hasta el fallo del premio. Por cada relato con el que participe recibirá un código diferente.
DÉCIMA
El Premio Revista Eñe de Literatura Móvil consta de los siguientes PREMIOS:
-Un premio semanal, seleccionado por el equipo de la revista, que se dará a conocer cada lunes entre los enviados la semana anterior de lunes a viernes. Dotado con 300 euros cada semana (ocho semanas).
-El Gran Premio Final, elegido por un jurado compuesto por las escritoras Vanessa Montfort y Elena Medel y la directora de la Revista Eñe, Camino Brasa, que votarán su relato favorito entre todos los relatos finalistas (el ganador y los 9 finalistas de cada una de las 8 semanas del premio). Dotado con 1.000 euros.
-El Premio del Público, honorífico, al relato mejor valorado por los internautas de entre todos los presentados. Se votará a través de la web.
Cada lunes se publicarán en la web de Eñe el nombre del ganador y los 9 finalistas de la semana. Tanto el ganador como los finalistas optan al Gran Premio Final, que se dará a conocer en la primera quincena de julio, fechas en las que también conoceremos el relato favorito de los internautas (Premio del Público).
UNDÉCIMA
La organización del premio se reserva el derecho de no admitir aquellos relatos que no cumplan con las condiciones técnicas exigidas en las bases o no tengan un mínimo de calidad narrativa.

domingo, 8 de mayo de 2011

PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA CORTA "MARIO VARGAS LLOSA" Perú

Para escritores inéditos.
Mario Vargas Llosa.
Salen publicadas en
el sitio de Escritores.org, las Bases del Premio Internacional de Novela corta 'Mario Vargas Llosa', con un premio de 5000 Euros para el ganador o ganadora. Desde Infolector animamos a todos los escritores con discapacidades a lanzarse a esta convocatoria, en la que, como corresponde al terreno del arte, se busca ante todo reconocer la calidad y capacidad creadora en los autores.
Dejamos el detalle de las Bases para todos los interesados:
BASES DEL PREMIO
Artículo Primero - De la participación:
1.Podrán participar en el «Premio Internacional de Novela Corta Mario Vargas Llosa», escritores de cualquier nacionalidad y mayores de edad -según las leyes de cada país- con una obra en lengua castellana, original e inédita, que no haya sido presentada a otro premio pendiente de resolución y cuyo autor no tenga cedidos o comprometidos a terceros los derechos de edición y/o reproducción de la misma en cualquier forma. El tema es libre. www.escritores.org
2.La novela corta tendrá una extensión mínima de 35 folios y una máxima de 55, de veintidós líneas por página, en formato Word a doble espacio y en tipo Arial de 11 puntos.
3.Los participantes utilizarán un seudónimo. No se conocerá el nombre del concursante hasta que el jurado determine la novela ganadora. Se identificará al participante por su seudónimo durante el proceso de selección, a fin de asegurar el anonimato.
4.El "Premio Internacional de Novela Corta Mario Vargas Llosa" constituye una forma de homenaje a la primera novela corta "Los Cachorros" (1967) del Premio Nobel de Literatura 2010.
5.No podrán participar en el concurso las personas que laboran en Artequipa, cónyuges o parientes hasta el 4to. grado de consanguinidad y hasta el 2do. grado de afinidad. Esta restricción alcanza a los miembros del jurado.
6.La atribución del premio será nula en caso de incumplimiento de las condiciones estipuladas.
7.La participación en el Premio implica la aceptación sin reservas de las bases en toda su extensión. El premio se rige por la legislación peruana, país en el cual la Asociación Artequipa es coordinadora del concurso, siendo su sede Arequipa, ciudad natal del ilustre escritor.
Artículo Segundo - Del registro de las obras:
1.La inscripción y el envío de las obras se realizarán únicamente por correo electrónico a la siguiente dirección: mailto:concurso@filarequipa.pe con el asunto "Premio MVLL Artequipa". El manuscrito no debe contener dedicatorias ni mención a familiares del autor con el fin de mantener el anonimato del postulante. En un segundo formato digital se deberá identificar
el título de la obra, seudónimo y los datos personales a consignar: nombres y apellidos, dirección, número telefónico de domicilio y móvil, correo electrónico. Asimismo, se presentará en forma escaneada y legible el documento de identidad (en el
caso peruano) y/o copia digital del pasaporte en el caso de ser extranjero.
El registro y envío de las obras deberán contener toda la información solicitada en este numeral, así como las bases, en caso contrario serán descalificadas automáticamente.
2.Al registrarse los candidatos se les remitirá acuse de recibo informático.
3.El plazo de admisión de las obras se cerrará el 17 de Agosto de 2011 a las 12 de la noche.
Artículo Tercero - De la selección de candidatos y el jurado :
1.Se constituirá un comité de lectura, compuesto por especialistas en literatura seleccionados por Artequipa, el cual realizará una preselección entre las obras recibidas. Las decisiones del Jurado se adoptarán por mayoría simple. La deliberación será secreta.
2.Durante las diferentes etapas de selección se guardará el anonimato de los participantes, a fin de asegurar la transparencia e imparcialidad del premio.
3.El jurado estará compuesto por un escritor nacional y dos escritores extranjeros.
4.Las deliberaciones y la proclamación del ganador tendrán lugar en Arequipa - Perú, durante una cena de deliberación el 2 de diciembre del 2011. Las decisiones del jurado serán inapelables, incluso se reserva el derecho de declararlo desierto.
Artículo Cuarto - De la aceptación del premio:
1.El ganador no podrá dar a conocer su calidad de triunfador hasta que confirme por escrito y sin ninguna reserva que acepta el premio y la forma de entrega; y que autoriza a los organizadores a reproducir su imagen, el título y el contenido o extractos de su obra en acciones de promoción relacionadas con su obra y con el Premio.
Artículo Quinto - Premios al ganador:
1.El premio del Concurso de Novela Corta Mario Vargas Llosa consiste en la suma de cinco mil euros (!5,000.00) y la publicación de la obra en el reconocido sello editorial Alfaguara del Grupo Santillana con un tiraje de cinco mil ejemplares para distribución nacional. El jurado en casos muy excepcionales, podrá otorgar mención honrosa a cualquier otro
participante, el mismo que recibirá un diploma.
2.El premio ofrecido no podrá dar lugar, por parte de los ganadores o finalistas o por cualquier tercero relacionado o no con el presente concurso, a impugnación administrativa judicial o de cualquier otra naturaleza, ratificándose la naturaleza inimpugnable respecto de las condiciones del premio otorgado.
3.La Asociación Artequipa dará a conocer los resultados del concurso el mes de diciembre de 2011, con la participación del Dr. Mario Vargas Llosa y un representante del jurado calificador.
4.El plazo de la publicación será de tres años. Los derechos de autor serán cedidos a Artequipa, solo para la primera edición. En caso de ediciones posteriores, éstas se harán previa coordinación y autorización de Artequipa.
La Convocatoria sera desde el 1 al 30 de abril, la recepción de trabajos sera desde el 1 de mayo al 17 de agosto 2011, mientras que la Pre-selección (interna) Del 18 de agosto al 14 de setiembre y la evaluación de las obras Del 18 de agosto al 30 de noviembre 2011.
Para

domingo, 24 de abril de 2011

Mario Vargas Llosa y el Liberalismo

Desde Buenos aires.
Vargas Llosa
Este viernes 22 de abril, solo antes de ayer nomás, Mario Vargas Llosa ha disertado sobre el liberalismo, sobre sus visiones del liberalismo, dentro del marco de la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires.
consignamos el enlace para reproducir el video de Youtube:

Vargas Llosa y el Liberalismo - Youtube.

sábado, 23 de abril de 2011

En el Día del Libro: 'Prosas apátridas'

Del escritor Julio Ramón ribeyro.
Ribeyro.
Uno de los primeros libros de escritores peruanos que leí completo, fue el famoso: La Palabra del Mudo, de Julio Ramón ribeyro. Una experiencia en la que por primera vez, un limeño, cualquiera como yo, podía conocer su propia ciudad, su ominosa realidad, desde el fascinante lente de la literatura. Por supuesto, ya desde el colegio había leído alguno de sus cuentos, el de Los Gallinazos sin Plimas es paradigmático. Pero solo a partir de leer un libro completo, con cuentos sobre diversas dimensiones de la vida cotidiana de esta ciudad, Lima, fue que confirmé lo que ya había oído decir de este escritor peruano.
Recuerdo también, allá por el año 1991, en una entrevista de Guillermo ggiacosa en su programa 'Informalísimo', escuchar a Guillermo thorndike, contar una graciosa anécdota sobre Julio Ramón Ribeyro. contaba Thorndike que una vez, creo que a pedido del propio Ribeyro, Thorndike y otros amigos, contactaron con uno de los más peligrosos delincuentes de la época, para reunirse, tomarse unos tragos en casa de uno de ellos. Julio ramón Ribeyro tenía interés de conocer de manera directa, la performance, la personalidad y los gestos de un verdadero hombre del hampa. Pero, sucede que cuando estuvieron reunidos, y llegó Ribeyro, el delincuente, que había sido convencido para asistir a la reunión, no dejaba de mirar al escritor. Lo miraba con una suerte de fijación y nerviosismo. Preguntó si el hombre delgado, era policía. A lo que los allí reunidos le indicaron que no, que se trataba de un escritor, y de los buenos. Pero, al tipo, el delincuente, talvez uno de los más rankeados de la época, nunca le terminó de convencer el dato, y durante toda la reunión, no dejó de mirar al inescrutable hombre delgado, el gran Julio Ramón ribeyro.
Hoy, en el día del libro, queríamos compartir uno de los últimos libros de este genial escritor peruano, las Prosas Apátridas. Antes, consignamos una breve semblanza de Ribeyro:
Las Prosas apátridas son, por su parte, el compendio de los muchos escritores que fue JRR, su auténtico documento de identidad. Síntesis de una personalidad huidiza, en perpetua mudanza, estas prosas carecen de "un territorio literario propio": "No son -escribe en la 'Nota de autor'- poemas en prosa, ni páginas de un diario íntimo, ni apuntes destinados a un posterior desarrollo." En las Prosas... Ribeyro dibuja sus pensamientos, rescata la pedacería de las horas perdidas, atrapa gestos cotidianos, relata anécdotas que son trozos de cuentos, describe sueños, visiones e intuiciones; consigna las pequeñas imbecilidades del mundo; escribe ensayos instantáneos, encapsulados. El libro es, así, el continente imaginario y provisional (las Prosas... conocieron varias ediciones corregidas y aumentadas) a donde fueron a dar fragmentos y apuntes perdidizos escritos con el curso de los años, y que no hallaban alojamiento en ningún libro o género definidos. Recojo aquí la prosa 161, por tratar un asunto insignificante, de esos que le gustaban a Ribeyro, y por confirmar su certeza de que "todo tiene importancia, nada tiene importancia, aquí, ahora": "Costumbre de tirar mis colillas por el balcón, en plena Place Falguière, cuando estoy apoyado en la baranda y no hay nadie en la vereda. Por eso me irrita ver a alguien parado allí cuando voy a cumplir este gesto. '¿Qué diablos hace ese tipo metido en mi cenicero?', me pregunto."
El destino que han seguido estas Prosas... es tan extraño y paradójico como el de toda la obra de Ribeyro. En Los dichos de Luder alguien pregunta: "¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad?" A lo que Luder responde: "Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para ser completamente desconocido." En efecto, el autor de La tentación del fracaso. Diario personal 1960-1974 quiso ser un escritor afantasmado, el volátil inquilino de sus cuentos, dispuesto a desaparecer después de haberle pagado su cuota a la ficción. Sin embargo, a fuerza de disimular su talento, Ribeyro fue surgiendo, para su sorpresa, no sólo como un maestro indiscutible del relato corto, sino como uno de los autores más leídos en Perú. Y fuera de Perú. Cuenta Bryce Echenique que un mercenario de la guerra de Vietnam se fue desde Birmania hasta París nada menos que a pedirle al ocupado de Ribeyro que le escribiera sus memorias, "porque de lo contrario... Decía Julio Ramón que el pistolón era de este tamaño". No es raro, entonces, que un libro tan heterodoxo como las Prosas apátridas, cuya tesitura intelectual parecía ser coto exclusivo de literatos, se haya convertido en prontuario de bolsillo de taxistas y médicos.
Enemigo de los reflectores y micrófonos, Ribeyro solía enviar a sus "representantes" (su amigo Bryce, su propio hijo o quien estuviera a la mano) a la escena, diciendo en su descargo que estaba bajo la tiranía de un severo resfriado. En noviembre de 1994 fue condecorado con el Premio Juan Rulfo, a cuya ceremonia no pudo asistir a causa de su delicado estado de salud. Su desdén por el prestigio y las aureolas había llegado demasiado lejos. Ribeyro murió pocos días después, el 4 de diciembre de ese año.

Vía: SoloLiteratura.com
Aquí dejamos el libro para su descarga:
Prosas Apátridas.doc
El libro estará disponible solo temproalmente, posteriormente podrán solicitarlo en la Biblioteca Infolector. Y esperamos que les resulte una grata experiencia su lectura.

jueves, 21 de abril de 2011

Poesía: Ceremonia solitaria alrededor de un tintero

Jorge Eduardo Eielson.
Ave Crítica.
Tomado del blog Ave Crítica, consignamos este poema que nos ha resultado sencillamente fuerte:
Ceremonia solitaria alrededor de un tintero (Jorge Eduardo Eielson)

Todo el mundo huye de mi corazón
Porque parece un cocodrilo. Todo el mundo dice
Que no soy un hombre sino un árbol derribado. Nadie sabe
Que entre mis ojos de niño y mi pecho cansado
Hay solamente musgo, llanto, flores indecibles,
Versos que parecen de oro puro
Y no son sino fragmentos de una estrella de papel.
No es culpa mía si estoy hecho de cristales amargos,
De irremediable ceniza y líquidos ardientes
Que se disputan mi ternura y sin cesar empujan
Dolorosas poleas, émbolos y ruedas escarlata.
Soy solamente un puñado de tierra que tropieza,
Un insolente juguete de cabellos negros
Y dientes amarillos. No es culpa mía
Si no parezco de carne y hueso, si bajo mi sombrero
Y mi pantalón gastado palpita un cielo puro,
Si todo el mundo dice que no amo a la gente
Porque me pongo una corbata y observo el firmamento,
O porque estoy hecho de sustancias aciagas,
De sonrientes materias que sollozan y sollozan
Y sollozantes materias que sonríen y sonríen.
Soy solamente un animal que escribe y se enamora,
Un laberinto de células y ácidos azules,
Una torre de palabras que nunca llega al cielo
Porque no toca ni se apoya en los luceros,
Sino en mi pobre corazón siempre en tinieblas,
Siempre en el fondo de un tintero,
Como si fuera un cocodrilo

martes, 12 de abril de 2011

Los Ensayos de Luis Loayza

Toque de Piedra.
El País.
Es un placer leer los ensayos de Luis Loayza y, a la vez, es imposible no sentir, mientras uno goza con ellos, esa melancólica tristeza que nos inspiran las buenas cosas que se acaban, que el tiempo va dejando atrás. Porque el ensayo literario que Loayza ha practicado toda su vida fue el que escritores como Edmund Wilson y Cyril Connolly en el mundo anglosajón, o PaulValéry, Jean Pauhlan y Maurice Blanchot en Francia, o Alfonso Reyes, Octavio Paz y Ortega y Gasset en español utilizaron para expresar sus simpatías y diferencias a la vez que, al hacerlo, escribían textos de gran belleza literaria.
Loayza nunca hace trampas. El lector siente como respeto su esfuerzo de claridad y sencillez
Es grato escapar en estos días en que el Perú parece a punto de cometer un nuevo suicidio político
En nuestro tiempo, la crítica se ha apartado de esa buena tradición y escindido en dos direcciones que están, ambas, a años luz de la que encarnan los ensayos de Luis Loayza. Hay una crítica universitaria, erudita, generalmente enfardelada en una jerga técnica que la pone fuera del alcance de los no especialistas y, a menudo, vanidosa y abstrusa, que disimula detrás de sus enredadas teorizaciones lingüísticas, antropológicas o psicoanalíticas, su nadería. Y hay otra, periodística, superficial, hecha de reseñas y comentarios breves y ligeros, que dan cuenta de las nuevas publicaciones y que no disponen ni del espacio ni del ánimo para profundizar algo en los libros que comentan o fundamentar con argumentos sus valorizaciones.
El ensayo al que yo me refiero es a la vez profundo y asequible al lector profano, libre y creativo, que utiliza las obras literarias ajenas como una materia prima para ejercitar la imaginación crítica y que, a la vez que enriquece la comprensión de las obras que lo inspiran, es en sí mismo excelente literatura. Para lograr ambas cosas hace falta amar de veras los libros, ser un lector pertinaz, estar dotado de lucidez y sutileza de juicio, y escribir con inteligencia y claridad.
Luis Loayza tiene todo ello en abundancia. Hasta ahora ha sido un autor poco menos que secreto, en torno al cual ha ido surgiendo una especie de culto entre los jóvenes escritores peruanos, que hacían milagros para leerlo, porque tanto sus relatos como sus ensayos habían aparecido en ediciones de escasa difusión, algo clandestinas, por el absoluto desinterés que él tuvo siempre por la difusión de su obra, algo a lo que parece haberse más bien resignado debido a la presión de sus amigos. Loayza es uno de esos extrañísimos escritores que escribe por escribir, no para publicar.
Había la idea de que, además de secreto, era autor de una obra muy breve. Pero, ahora que la Universidad Ricardo Palma, de Lima, ha tenido la magnífica idea de publicar dos volúmenes con sus ensayos y relatos, se advierte que esta obra no es tan escasa, que en sus casi 77 años de vida Luis Loayza ha escrito una considerable cantidad de textos, que, además, tienen la virtud de ser de pareja calidad, de notable coherencia intelectual y de una gran elegancia literaria.
Yo hablo ahora de sus ensayos porque acabo de releerlos, y no de sus relatos, pues me guardo ese placer para más adelante, pero sé que también en estos últimos aparece esa prosa tan persuasiva, limpia y clara, impregnada de ideas, de buen gusto, juiciosa y delicada, que enaltece al autor tanto como al que la lee. Loayza es uno de los grandes prosistas de nuestra lengua y estoy seguro de que tarde o temprano será reconocido como tal.
Ya lo era cuando yo lo conocí, en la Lima de los años cincuenta. Aunque ahora nos veamos muy poco, no creo que haya cambiado mucho. Lector voraz, desdeñoso de la feria y la pompa literaria, ha escrito sólo por placer, sin importarle si será leído, pero, acaso por eso mismo, todo lo que ha escrito exhala un vaho de verdad y de autenticidad que engancha al lector desde las primeras frases y lo seduce y tiene magnetizado hasta el final. Sus ensayos cubren un vasto abanico de temas y de autores y delatan un espíritu curioso, cosmopolita, políglota, en el que, pese a haber vivido tantos años en el extranjero -París, Nueva York, Ginebra- ese Perú donde hace cerca de 20 años no pone los pies, está siempre presente, como una enfermedad entrañable.
Hable del Ulises de Joyce, de la biografía de Borges que escribió Rodríguez Monegal, o de la breve aparición de dos personajes peruanos en Rojo y negro de Stendhal y En busca del tiempo perdido de Proust, los ensayos de Loayza resultan siempre sorprendentes y originales, por la perspectiva en que los temas son abordados, o por la astuta observación que desentraña en esos textos aspectos y significados que nadie había percibido antes que él. Es el caso de la serie de estudios que consagró al Novecientos, en los que ese período de la cultura y la historia peruana resucita con un semblante totalmente inédito.
Loayza nunca hace trampas. No hay, en este volumen de casi 500 páginas, una sola de esas frases pretenciosas en que los críticos inevitablemente caen alguna vez, para exhibir su vasta cultura, o esos oscurantismos mentirosos que disimulan su indigencia de ideas y su vanidad. Y hay, en cambio, en todos ellos, siempre, un esfuerzo de claridad y sencillez que el lector siente como una prueba de consideración y respeto hacia él, y de probidad intelectual. En los extensos análisis, como el prólogo que escribió para su traducción de las obras de De Quincey, o las dos o tres páginas deliciosas que dedica a "Simbad el Maligno", los ensayos de Loayza son un canto de amor a la literatura. Todos ellos nos muestran, de manera contagiosa, que la literatura enriquece la vida, la hace más comprensiva y llevadera, que las obras logradas nos civilizan y humanizan, alejándonos del bruto que llevamos dentro, ese que fuimos antes de que los buenos libros, las buenas historias, la buena poesía y la buena prosa, lo domesticaran y enjaularan.
Al mismo tiempo que leía los ensayos de Luis Loayza he estado hojeando los tres números de la revista Literatura que sacamos con él y con Abelardo Oquendo en la Lima de finales de los años cincuenta, cuando éramos tres letraheridos que aprovechábamos todos los minutos libres que nos dejaban los trabajos alimenticios para vernos y hablar y discutir con pasión y fanatismo de libros y autores. Por esa época, Loayza contrajo una curiosa alergia contra todo lo feo que se encontraba al paso en este mundo. Una desagradable exposición de pintura, una mala película, un poema vulgar, un bípedo antipático, y empezaba a ponerse muy pálido, se le hundían los ojos y le sobrevenían incómodas arcadas. Abelardo y yo nos burlábamos, creyendo que exageraba. Pero había una honda verdad en esa pose. Porque ese rechazo de la fealdad es un rasgo perenne de todo lo que ha escrito. No hay en esta colección de ensayos elaborados a lo largo de toda su vida nada que desentone, ofenda, desmoralice o disguste al lector. Y sí, siempre, una pulcritud y rigor en la palabra y en la idea que lo llenan de halago y gratitud.
Tenía algo de temor con esta reedición de Literatura que ha hecho la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pues pensaba que los años podían haber destrozado aquella revista juvenil. Pero, no, no hay en sus páginas nada de qué avergonzarse. Protestamos contra la pena de muerte, rendimos homenaje a César Moro -casi desconocido entonces-, polemizamos contra el realismo socialista, publicamos bellos poemas de Raúl Deustua y de Sebastián Salazar Bondy, un hermoso cuento de Paul Bowles, traducido por Loayza, y nos solidarizamos con los barbudos que en la Sierra Maestra se habían alzado contra la dictadura de Batista. Todas sus páginas expresan la inconmensurable ilusión de ser escritores alguna vez. Muy decoroso, en verdad.
En estos días en que el Perú, para no perder la costumbre, parece a punto de cometer un nuevo suicidio político, ha sido grato escapar de la cruda realidad por unas cuantas horas al día y refugiarme, gracias a Luis Loayza, en la añoranza de la juventud, la amistad y la buena literatura.
©

Vía: El País.

lunes, 21 de febrero de 2011

Publicaciones: Poesía de John giorno

Sobre la poesía postmoderna.
La República.
Recientemente en nuestro visita al norte, conversando con Carla Tirado, una joven escritora de la ciudad de Cajamarca, nos comentaba sus gustos e intereses literarios. Y básicamente nos confirmaba esa percepción de que nuestros horizontes culturales, y para el caso, poéticos, aún no han ido más allá de algunos íconos clásicos como Vallejo, Neruda, Darío, etc. Asumidos más por tradición que por búsqueda o indagación, los clásicos de la poesía latinoamericana en pleno siglo XXI, siguen siendo referentes entre nuestros jóvenes poetas, y especialmente, poetas con discapacidad.
No está demás darle una revisada a estas opciones, que siendo postmodernas, tampoco son de lo último. Giorno y su poética de los sesenta, es ya casi un octagenario. Y sin embargo, muchos jóvenes se han perdido de estas poéticas de vanguardia, y se han mantenido al rededor de los Neruda y los Darío.
Dejamos aquí, la reseña publicada por Javier Ágreda en La República, donde se anuncia la reciente publicación de una recopilación de la poesía de Giorno:
El polémico poeta norteamericano John Giorno (Nueva York, 1936) está actualmente de visita en el Perú, y por ese motivo se ha publicado Me he resignado a quedarme aquí (Lustra, 2011), una amplia antología de su obra, traducida y comentada por el poeta peruano Martín Rodríguez-Gaona. Una buena oportunidad para aproximarnos a este autor y sus innovadoras propuestas literarias.
Surgido de la revolucionaria escena contracultural de los años 60, Giorno estuvo inicialmente vinculado al grupo de artistas que rodeaba a Andy Warhol. En 1968 fundó el Giorno Poetry System, que planteaba una renovación tanto en el lenguaje de la poesía como en sus formas de difusión, a través de las performances y el empleo de la nueva "tecnología". Estuvieron ligados al GPS William Burroughs, Patty Smith y Laurie Anderson, entre otros. Giorno impulsaría después proyectos tan originales como Dial a poem, un servicio de lectura de poesía a través del teléfono.
Me he resignado a quedarme aquí nos muestra el otro lado de la obra de Giorno, el estrictamente textual. Y los poemas aquí reunidos (en versiones bilingües) hacen ver claramente que acaso este sea su aspecto más débil. No faltan algunos textos originales y de valor; pero, en general, los recursos a los que apela (como las reiteraciones o el empleo de coloquialismos) parecen mucho más apropiados para una puesta en escena que para una lectura tradicional y silenciosa.

domingo, 13 de febrero de 2011

Premios de Novela y Poesía

15º Premio Juan Pablo Forner y 17º Premio Ciudad de Mérida
Escritores.
El Ayuntamiento de Mérida a través de la Delegación de la Biblioteca Municipal, convoca las Bases del XV Premio de Novela Juan Pablo Forner y XVII Premio de Poesía Ciudad de Mérida.
Al premio de poesía podrán concurrir todos los trabajos en lengua española; deberán ser originales e inéditos en su totalidad y en cualquier soporte. Si la misma obra se presenta simultáneamente a otro concurso y obtiene un premio, el autor/a deberá notificarlo en esta organización.
Los trabajos tendrán una extensión mínima de 400 versos. El tema, la rima y la medida serán libres. Los concursantes presentarán 5 copias, impresas a ordenador por una sola cara, a doble espacio. Cada copia estará sencillamente encuadernada con canutillo o similar.
Los trabajos se entregarán sin firmar, y en sobre aparte mediante el sistema de plica, se incluirán nombre, apellidos y datos del autor. En el sobre debe constar el título de la obra. Las obras participantes deberán enviarse a la Biblioteca Pública Municipal, calle John Lennon, 5 de Mérida, indicando en el sobre Premio de Poesía Ciudad de Mérida. El plazo de admisión concluirá el 1 de Abril de 2011.
El premio tendrá una dotación económica de 9.000Eu brutos y una escultura artesanal conmemorativa, y el Ayuntamiento se reserva todos los derechos de la 1ª edición de la obra galardonada dentro del año siguiente al fallo, siendo la dotación del premio en concepto de adelanto de los derechos del autor de dicha primera edición.
Un comité de lectura, integrado por personas cualificadas, determinará las obras finalistas que serán entregadas a los miembros del Jurado. El Jurado lo formarán personas de reconocido prestigio en el campo de las letras y se dará a conocer oportunamente. El premio podrá ser declarado desierto, si así lo estima el jurado. El fallo del jurado será inapelable y se dará a conocer públicamente en una velada literaria.
En caso de ser premiado, el autor se compromete a declarar bajo su responsabilidad el carácter inédito y no premiado de su obra y su total sometimiento a las bases del concurso.
La obra premiada será publicada por DVD Ediciones con una tirada de 1500 ejemplares. Las obras no premiadas podrán ser retiradas de la Biblioteca personalmente por los autores o por persona, agencia o gestoría autorizada, hasta un mes después de fallado el premio. Pasado este plazo las obras serán destruidas. No se mantendrá correspondencia ni se asumirán responsabilidades por pérdidas o deterioros.
El Ayuntamiento de Mérida se reserva el derecho de hacer modificaciones o tomar iniciativas no reguladas en las presentes bases, siempre que estime que con ello pueda
contribuir a un mayor éxito del premio.
En cuanto al premio de novela, podrán concurrir todos los trabajos en lengua española; deberán ser originales e inéditos en su totalidad y en cualquier soporte. Si la misma obra se presenta simultáneamente a otro concurso y obtiene un premio, el autor/a deberá notificarlo en esta organización.
Los trabajos tendrán una extensión mínima de 200 folios. Se presentarán por triplicado impresos a ordenador por una sola cara, a doble espacio. Cada copia estará sencillamente encuadernada con canutillo o similar. Los trabajos se entregarán sin firmar, y en sobre aparte mediante el sistema de plica, se incluirán nombre, apellidos y datos del autor. En el sobre debe constar el título de la obra.
Las obras participantes deberán enviarse a la Biblioteca Pública Municipal, calle John Lennon, 5 de Mérida, indicando en el sobre Premio de Novela Juan Pablo Forner. El plazo de admisión concluirá el 1 de Abril de 2011.
El premio tendrá una dotación económica de 18.000Eu brutos y una escultura artesanal conmemorativa. El Ayuntamiento se reserva todos los derechos de la 1ª edición de la obra galardonada dentro del año siguiente al fallo, siendo la dotación del premio en concepto de adelanto de los derechos del autor de dicha primera edición.

miércoles, 9 de febrero de 2011

V Premio Internacional de Poesía "CIUDAD DE PAMPLONA"

Para quienes gustan de escribir.
Recursos para Escritores.
En el sitio Escritores.org se publican los términos de la convocatoria para el concurso Internacional de Poesía 'Ciudad de Pamplona'. Dejamos aquí las bases de la convocatoria:
1. Podrán concursar todas las personas, cualquiera que sea su nacionalidad, siempre que las obras presentadas estén escritas en lengua castellana.
Los trabajos presentados deberán ser inéditos en su totalidad, no haber obtenido ningún premio en otros concursos de poesía previamente fallados y no estar concursando en este momento en otro certamen poético. Los ganadores de años precedentes no podrán presentarse. El tema y la forma serán libres, con una extensión de entre 400 y 700 versos.
Los originales se presentarán por quintuplicado, en ejemplares separados, en tamaño DIN A-4, debidamente numeradas sus páginas y cosidas, grapadas o encuadernadas. Los poemas estarán escritos a doble espacio y mecanografiados por una sola cara.
Los originales se presentarán por el sistema de lema y plica. En la portada han de llevar título y lema. En un sobre cerrado adjunto constará el nombre del autor, su nacionalidad, domicilio y una copia del documento de identificación o del pasaporte, teléfono de contacto y/o correo electrónico. Ha de acompañarse de una breve bibliografía del autor y de un documento certificando que dicha obra no se ha presentado a ningún otro certamen literario vigente. La obra enviada no se podrá retirar en el transcurso del certamen. Los autores galardonados en años precedentes no podrán optar al premio.
El plazo de admisión de los trabajos comenzará el día 15 de enero de 2011 y finalizará improrrogablemente a las 14 horas del 15 de abril de 2011. Serán admitidos los trabajos franqueados con fecha anterior o igual a ésta. www.escritores.org
Las obras presentadas se enviarán por correo certificado al ATENEO NAVARRO. Avda. de Barañáin, 10-1º A. 31008 Pamplona (Navarra), indicando en el sobre: Para el V Premio de Poesía "CIUDAD DE PAMPLONA".
Se otorgará un premio con una dotación económica de 5.000 euros, a la que se le retendrá el IRPF correspondiente según ley, así como la publicación de la obra ganadora en la Editorial CELYA, en su colección "Generación del Vértice" junto a una pieza escultórica representado a la ciudad de Pamplona. El autor se compromete a asistir a la entrega del premio en el último trimestre del año 2011.
El jurado estará presidido por Dña. Paz Prieto (Concejala Delegada de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona) y su composición se hará público en el fallo del Premio.
El fallo del jurado será inapelable. El premio no podrá declararse desierto. El fallo del premio se hará público durante el mes de junio de 2011, mediante rueda de prensa, en el Ayuntamiento de Pamplona.
Los trabajos que no sean premiados no se devolverán a sus autores y se destruirán cuando hayan pasado cinco días del fallo público.
No se mantendrá correspondencia con ninguno de los autores de los poemarios que se hayan presentado al concurso poético.
La presentación de trabajos a este V Premio de Poesía "CIUDAD DE PAMPLONA" implica la total aceptación de las presentes bases por parte de sus autores.
En Pamplona, enero de 2011

jueves, 3 de febrero de 2011

Paul Auster, el escritor de Nueva York

Efemérides Literarias de Febrero 2011.
Logo Infolector.
Consignamos la nota aparecida en el Blog Indagaciones del Unicornio, sobre el escritor norteamericano Paul Auster, que hoy cumple años:
Uno de los escritores actuales vivos más estimulantes, cuya geografía narrativa se perfila desde una ciudad, Nueva York, pero que además, lo hace desde una metafísica de lo humano, y lo subjetivo hasta niveles siempre impredecibles. Ayer justamente acabamos de iniciar la lectura de La Habitación Cerrada, uno de los relatos más celebrados de su "Trilogía de Nueva York".
Consignamos aquí una breve referencia del escritor norteamericano:
Paul Auster
FECHA Y LUGAR DE NACIMIENTO:
Nació el 3 de febrero de 1947 en Newark, N.J., USA
VIDA Y OBRAS:
Novelista norteamericano, ensayista, traductor y poeta cuyas misteriosas novelas tienen que ver a menudo con la búsqueda de la identidad personal y el conocimiento de uno mismo.

Leer toda la nota aquí.

sábado, 15 de enero de 2011

Filosofía: Un sentido cósmico posible para la existencia humana

Ensayo del Dr. Juan Abugattás Abugattás.
Infolector - Logo.
Extracto del libro 'Indagaciones filosóficas Sobre Nuestro futuro' del Doctor Juan Abugattás Abugattás.
Un sentido cósmico posible para la existencia humana
Hasta aquí hemos visto, tal vez de manera un tanto confusa, que la mejor opción para definir la vida futura de la humanidad es hacerlo a partir de dos premisas, la del humanismo, que no es sino una valoración positiva de toda vida humana, y la presuposición de un valor cósmico de esa vida, siendo esta segunda premisa la que ayuda a dar fuerza y sentido a la primera.
Podemos ahora preguntarnos de manera preliminar por la forma y posible naturaleza de los argumentos a favor de la premisa del significado trascendente o cósmico de la vida humana.
Presuponer que tal significado tiene un carácter “inherente”, en el sentido de que la mera existencia de seres humanos con potencialidades no realizadas sea en sí misma valiosa, nos conduce a una postura endeble, pues entonces resultará que cualquier orden social tendría el mismo valor que cualquier otro orden social dado y que la acción dirigida a lograr algo más que la mera subsistencia carecería de significado especial. Ese es el problema de fondo con posturas, por lo demás interesantes, como las de Amartya Sen y los “aristotélicos” contemporáneos. La idea kantiana de que hay una obligación moral fuerte de realizar los “talentos” conduce a parecidas conclusiones.
La única manera de pensar sensatamente la posibilidad de que la existencia humana tenga un valor cósmico es imaginando ese valor dependiente del sentido de la acción humana colectiva, pero pensando, a la vez, que tal acción actúa sobre el mundo para generar, como se dijo arriba, cambios en el orden de cosas que signifiquen una diferencia cualitativa en la configuración del entorno.
Pero así como no tiene mucho sentido pensar que la mera subsistencia biológica de la especie sea portadora de sentido, tampoco lo tiene presumir que la existencia de una capacidad racional y cognitiva por sí sola es ese sentido. Las capacidades no dan sentido por sí mismas, lo pueden dar sus realizaciones efectivas, dependiendo, según lo que se tiene dicho, de cuál sea la naturaleza de esas realizaciones y a quiénes involucre.
Esto plantea un problema delicado, que mal resuelto, podría llevar a una aparente negación del imperativo humanista que hemos adoptado. Dado que la contribución a la realización de cualquier objetivo colectivo planteado será necesariamente diferenciada, esto podría ser tomado como base para argüir que no toda vida o existencia humana es igual o, dada la posibilidad técnica de clonación y de manipulación genética, a la conclusión que todos los seres humanos deberían ser artificialmente igualados. Este tipo de aparente problema se genera a partir de una premisa distorsionadora e innecesaria, pero comprensiblemente influyente por provenir de la ideología moderna, a saber, que los individuos deben ser aisladamente juzgados en función de sus contribuciones y aportes.
La producción de sentido a partir de la acción humana es un fenómeno colectivo y se juzga desde esa perspectiva. No tiene sentido, siquiera, pretender que cada acción humana en cada caso y en cada tiempo tiene que ser evaluada en función de su contribución a la producción de sentido. La mera acción individual, pero enmarcada en un contexto capaz de garantizar la perpetuación activa de la especie, le da sentido pleno a cada existencia y a cada acción no disruptiva. Es imaginable que generaciones enteras de humanos pasen por el mundo sin pensar siquiera en que su existencia es productora de sentido cósmico, tal olvido en nada disminuiría el valor y el sentido de su existencia si esa existencia estuviera enmarcada en un proyecto colectivo de generación de sentido.
El Dios del ama de casa aparece así como una deidad menor, aunque tal vez psicológicamente indispensable; el Dios que se requeriría para un proyecto histórico de envergadura sería un juez capaz de percibir, a lo largo del camino de la humanidad, pero también a la hora de la llegada, si la hubiera, que la acción de la especie ha introducido un cambio cualitativo notable en el orden cósmico.
Entretanto, y hasta que se resuelva el debate actual, queda recordar los versos poderosos de Schiller para no desesperar de la búsqueda de una vía real al sentido de la existencia de la especie:
Selbstgenügsam willst du dem schönen Ring dich entziehen
Der Geschöpf an Geschöpf reiht in vertraulichem Bund,
Willst, du Armer, stehen allein und allein durch dich selber,
Wenn durch der Kräfte Tausch selbts das Unendliche steht? “De manera autosuficiente quieres tú librarte del bello aro, / que criatura con
criatura liga en confiable nexo, / Quieres, tu miserable, quedarte solo y valerte
por ti mismo, / Cuando por la fuerza del intercambio se presenta el mismísimo
infinito?” (traducción libre, Der philosophische Egoist).


La condición humana en la actualidad se caracteriza fundamentalmente por la coexistencia de dos formas básicas de estar en el mundo. Ambas producto de la historia de los últimos siglos, pero en muchos casos antagónicas y casi excluyentes entre sí. Podemos llamar a una “fenoménica” y a la otra “ontológica”.
La primera tiene que ver con la manera cómo los sujetos concretos se perciben a sí mismos, cómo definen su identidad y, por ende, cómo diseñan sus estrategias de vida dentro de un horizonte más bien limitado, en el que no ha entrado de manera efectiva el conjunto de sus congéneres.
La segunda no constituye un horizonte vital efectivo sino para un número limitadísimo de personas, si acaso alguna, aunque no por eso es irreal. Se descubre a partir de una reflexión crítica sobre la humanidad como un todo; es, para usar esa expresión que se ha puesto de moda últimamente, la percepción de que el mundo se ha hecho uno. Lo que queda claro es que si en un plazo razonable esta perspectiva no es adoptada para definir su horizonte de vida por la inmensa mayoría de los individuos que viven en la tierra, las posibilidades de sobrevivencia de la especie como tal se verán muy disminuidas.
En realidad, es precisamente por esa razón que los seres humanos debemos por ahora aprender a tolerarnos, es decir, a soportar una convivencia que probablemente nos resulta incómoda y molesta con gentes que tienen hábitos y concepciones distintas de las nuestras.

INDAGACIONES FILOSÓFICAS SOBRE NUESTRO FUTURO

SERIE COEDICIONES
Indagaciones filosóficas sobre nuestro futuro
Juan Abugattas
UNMSM - Fondo Editorial
EAP de Filosofía
Departamento de Filosofía
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Primera edición:
Lima, noviembre de 2005
© Herederos de Juan Abugattas
© Fondo Editorial de la UNMSM
© UNESCO

lunes, 10 de enero de 2011

PREMIO LATINOAMERICANO DE PRIMERA NOVELA Sergio Galindo

Organizado por la Universidad Veracruzana de México.
[Escudo de la Universidad Veracruzana.
La editorial de la Universidad Veracruzana de México, convoca a un premio literario para escritores inéditos. Desde Infolector animamos a todos los aficionados a la lectura, y sobre todo, a la escritura, a participar, a poner en práctica sus cualidades para la creación literaria.
Consignamos aquí las bases del concurso aparecidas en el sitio Escritores.org:
BASES
Podrán participar todos los escritores nacidos y residentes en América Latina.
Los trabajos deberán ser inéditos, originalmente escritos en español, presentados por triplicado, impresos a doble espacio en tamaño carta y por una sola cara en letra Times New Roman de 12 puntos y la extensión no podrá ser inferior a 150 cuartillas ni superior a 400.
El tema de la novela será libre.
Los concursantes deberán participar con pseudónimo. Adjunto al trabajo, en un sobre cerrado, incluirán sus datos y documentos personales: nombre, domicilio, número telefónico, correo electrónico y una fotocopia de un documento de identificación oficial (credencial de elector, pasaporte o documento de cualquier institución oficial).
Los originales se acompañarán de una declaración jurada de que la obra es inédita, que es la primera novela del autor y que sus derechos no han sido cedidos a ningún editor en el mundo ni en español ni en ninguna otra lengua.
La convocatoria se cerrará el día 25 de febrero de 2011. En el caso de los trabajos enviados por correo, se aceptarán aquellos en los que coincidan la fecha del matasellos con la del cierre de la presente convocatoria
Los trabajos se recibirán en la Dirección General Editorial de la Universidad Veracruzana, Hidalgo número 9, Zona Centro, CP 91000, Xalapa, Veracruz, México.
El premio consistirá en $150 000.00 (ciento cincuenta mil pesos m. n.), un diploma y la publicación de la obra por la Editorial de la Universidad Veracruzana.
El jurado calificador estará integrado por escritores de reconocido prestigio, cuyos nombres serán dados a conocer al difundir los resultados del certamen.
El fallo del jurado será inapelable.
Una vez emitido el fallo se procederá a la apertura de la plica de identificación y se notificará al ganador. Los resultados se divulgarán a través de los medios de comunicación locales y nacionales, así como en la página de internet de la Universidad Veracruzana www.uv.mx
Será facultad del jurado descalificar cualquier trabajo que no presente las características exigidas por la convocatoria, así como resolver cualquier caso o duda no referida en la misma. El premio podrá ser declarado desierto en caso de que los trabajos presentados carezcan de la calidad mínima para su publicación.
La ceremonia de premiación se realizará en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) el 13 de mayo de 2011 en Xalapa, Veracruz.
La Universidad Veracruzana cubrirá al autor ganador los gastos de traslado para asistir a la ceremonia de premiación.
No se devolverán los materiales que no resulten premiados, los cuales serán destruidos de manera inmediata.
No podrá participar en el concurso ningún trabajador, académico o funcionario de la Universidad Veracruzana.
La participación en este concurso implica la aceptación de estas bases y el fallo del jurado.
El autor galardonado se comprometerá a firmar un contrato con la Universidad Veracruzana por la primera edición de su obra. Las condiciones de dicho contrato serán fijadas libremente por la Universidad. El importe del premio retribuirá la cesión de todos los derechos de explotación a nivel mundial de la obra premiada en cualquier formato y/o modalidad durante un periodo de siete años así como todos los derechos subsidiarios, de cesiones parciales o de traducción. Tal importe se devengará como regalías hasta cubrir su totalidad en ejemplares vendidos o cesiones, percibiendo el autor, una vez superada esta, el 10% en las ediciones rústicas o empastadas, el 7% en "de bolsillo" (ambos porcentajes sobre el precio de venta al público), y el 75% de lo percibido por la editorial en el resto de modalidades de explotación (derechos subsidiarios o traducciones).
Lo no previsto en estas bases será resuelto por la Dirección General Editorial.
Xalapa, Veracruz, noviembre de 2010
Para mayores informes en www.uv.mx/filu o con Germán Martínez Aceves, teléfono 01 (228) 818 59 80 y 818 13 88

viernes, 7 de enero de 2011

Colección de Libros Peruanos de Infolector

Por Iniciativa de los usuarios.
Infolector logo.
Gracias a la iniciativa y esfuerzo del profesor Víctor Raúl Portocarrero, quien reside en Areqquipa, la biblioteca de Infolector renace, luego de más de un año de inactividad. Debido a cuestiones de compatibilidad del hosting con la plataforma en la que fue construida Infolector, la biblioteca estuvo fuera de la web.
Bueno pues, la iniciativa generosa del profesor Portocarrero y de otros usuarios muy aficionados a los libros, todos ellos invidentes, se ha vuelto a poner en línea una colección de libros, en este caso, de autores peruanos. Tomamos el reto planteado, y nos proponemos continuar con el paso dado por nuestros propios usuarios, reactivando el trabajo que se venía desarrollando, pero que había quedado detenido temporalmente.
Dejamos aquí el enlace para visitar esta colección de libros y autores que ha sido subida a Wuala por cortesía del profesor Portocarrero:


Colección de Libros Peruanos de la biblioteca Infolector.
Gracias al profesor Víctor Raúl Portocarrero por su iniciativa e interés en la difusión de la lectura entre la comunidad de personas invidentes.

miércoles, 5 de enero de 2011

Libro: Alma Alga

Libro de Cuentos de Karina Pacheco.
Alma Alga Image.

Título: alma Alga
Autora: Karina Pacheo
Borrador, 2010.
Un adelanto del libro, publicado por Katya Adaui Sicheri:
Alma alga.
Aquel pececillo me había estado dando vueltas desde el amanecer. Era delgado y plateado como una luna creciente y parecía intimidado por mi cuerpo, o por el de los peces mayores que también nadaban a mi alrededor. Creí que no se acercaba por la mirada desafiante que proyectaban mis ojos verdosos, más verdosos que estas aguas. En ese momento sus aletas dorsales parecían moneditas de plata partidas por la mitad, y sus ojos dos cabecillas de alfiler; pero cuando por fin decidió aproximarse, creció como una ola y se ha convertido en la criatura más grande que haya visto en mi vida. O en mi muerte.
Desde el manto de algas donde se había detenido para observarme, ¡zas!, con un movimiento fulminante surcó los dos metros que nos separaban para devorar mi ojo derecho. Eso fue lo último, grande y feroz, que vi con él. Ahora solo cuento con el izquierdo; pero este apenas percibe sombras: el golpe que me condujo a estas profundidades lo dañó severamente. Así, pues, solo me queda aguzar el oído.
Estoy añorando mi ojo derecho, mi ojo miope, que hacía varios años había perdido la capacidad de avistar con nitidez las cosas lejanas, que se irritaba seguido en los días soleados, que sí requería una lentilla para mostrarme los vaivenes del mundo con alta definición. En las últimas semanas, me había acostumbrado a su miopía. Extraño mi ojo: no importa si de forma difusa, me permitía ver la gracilidad de las jovencitas que vienen a bañarse en el lago, las redondeces de las mujeres maduras que se extienden para gozar flotando en estas aguas; el chapoteo de los niños que están aprendiendo a nadar. Esta misma mañana, a muy pocos metros de mí, una pareja de adolescentes aprovechó el cobijo de la totora y la lengua de rocas en la que habito para conjurar la vergüenza, despojarse de sus trajes de baño y entregarse decididos al placer. En su retozo, él alcanzó a pronunciar «te quiero», e incluso se dio tiempo para pedirle a la chiquilla que no sintiera miedo; ella le contestó «¿Qué es el miedo?». No hablaron más, se enlazaron; hombre y mujer se hundieron hasta el cuello en el agua. Desde mi escondite pude ver claramente cómo sus cuerpos se hacían uno solo y cómo unas gotas de sangre brotaban de esa unión; sangre densa, que se fue dispersando en la laguna, como un vaho rojo, como un pacto con la vida que no demoró en ser absorbido por el oleaje y la voracidad de unos renacuajos.
Cuántas cosas me perderé de ver... Mi ojo miope, ¿dónde está? ¿Será que la criatura que lo devoró logra ver mejor las cosas con ese alimento? No me había dado cuenta de cuánto lo necesitaba, hasta que ese pez, en apariencia inofensivo, se atrevió a arrancármelo. ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Cómo aprovecho al máximo el tacto de mi piel; el sabor del agua, de las algas; el sonido de las corrientes, de la bruma y de las gentes; antes de que otro ser, con apariencia angelical o monstruosa me arranque también esos sentidos?
El siseo de una libélula, bzzzz, lo escucho con nitidez. Pareciera que la pérdida de la visión me estuviera afinando el oído. Bzzzz. Aunque ya no pueda ver, puedo imaginar que una mujer vaporosa, de cabellos tan brillantes como las aguas de este lago a mediodía, se aproxima, y sonríe, y sin tener que empinarse sobre sus pies avista una legión de buenas noticias.
Yo aprendí a bucear desde muy joven; por algo nací en una ciudad anclada a las orillas de un océano. La primera vez que vine aquí, me sumergí avituallado como un experto: no me faltaban la máscara de silicona y doble cristal, ni el buzo isotérmico, ni las aletas, ni la bolsa de muestreo; tampoco el tanque de aire ni la linterna. Durante cuatro días consecutivos, acompañado por tres colegas, me sumergí en este lago, que debe ser uno de los más coloridos del planeta. Pensé que algún día me gustaría volver como turista; jamás hubiera imaginado que aquí me pasaría el resto de la vida. Pero entre aquella primera inmersión y hoy, tuve todavía un tiempo para sumergirme en otros quehaceres. Cuando volvimos a la capital del país, confirmamos lo que hasta entonces solo era una hipótesis: que este lago es de origen volcánico, lo cual explica en buena medida la diversidad de colores que impregnan sus aguas: anaranjadas en su orilla sur, verdes en sus faldas orientales, turquesas en su frente norte, azules en su centro y en su flanco occidental. Examinadas las muestras que tomamos de sus suelos superficiales y profundos, no cabían dudas: aquello que un día fue altura, sal, magma ardiente, se había tornado en agua dulce, azulada, verdosa; en hondura fría, a veces tibia, siempre húmeda.
¿Puede una ausencia material, minúscula, determinar el hallazgo de una presencia que trastornará por entero un proyecto de vida? No sé si fue error u omisión, pero en mis bolsas de muestreo faltaba un juego de piedras basálticas que estaba seguro de haber recogido en el flanco sur de la laguna. El director del equipo concluyó que sería ridículo presentar ese trabajo en un foro internacional, ofreciendo como única prueba la aseveración de haber tenido entre nuestras manos un conjunto completo de muestras. Todavía teníamos tiempo y en el presupuesto quedaba el importe de imprevistos sin gastar. A mí me tocó viajar de nuevo; otra vez volar una hora en avión y luego recorrer una carretera sin asfaltar, durante cuatro horas, en una furgoneta donde tendría que pasar la noche pues en el pueblo más próximo al lago no había ningún hotel confiable. Además, yo mismo tendría que conducir esa furgoneta porque el presupuesto ya no alcanzaba para contratar un chofer. Me molestaba emprender de nuevo ese viaje solo y me molestó más tener que cancelar una cita con mi dentista y otra con una amiga que me gustaba. Tomé el avión, enfadado con mi equipo y con mi propio descuido; también lo tomé con cierto temor, pues esta vez sólo contaría con la vigilia del motorista de la lancha al momento de sumergirme en el lago.
Por la noche, cuando fui a cenar al único restaurante decoroso del pueblo, mi disgusto se desvaneció. En lugar del camarero que nos había atendido con desdén y lentitud tres semanas atrás, al otro lado de la barra se apostaba una mujer de cabellos largos y negros. La encontré guapa, calculé que tendría la misma edad que yo, aunque su estatura era bastante más baja que la mía. Le pregunté si tenían pejerrey a la plancha para cenar; me respondió que no, pero que dependiendo de si yo era turista o naturalista, me podía ofrecer otras viandas que no estaban en su carta. Ese comentario me hizo gracia y sonreí. Sin corresponder a mi sonrisa, ella me miró a los ojos y me indicó que estaba hablando en serio; o sea: que dependiendo de si yo era turista o naturalista, podía ofrecerme diferentes platos que me pudieran agradar.
¿Quién come mejor: un turista que viaja a lugares ignotos nunca ilustrados en libros de viajes; o un naturalista que viaja hasta ellos en busca de evidencias que demuestren sus presupuestos teóricos? Ella esperaba mi respuesta; yo no pude ahuyentar mis ojos de la hendidura de su escote, que como una lanza oscura parecía elevarse hasta su cuello, como si fuera una amenaza inminente sobre su vida, o sobre mi capacidad para procurarme placer.
---Soy geólogo--- repuse, temiendo que esa respuesta me condujera a la peor comida, al fin y al cabo, a primera vista un turista da la impresión de tener mucho tiempo libre y muchas ganas de pasárselo bien.
---¿No es de la región, verdad?--- me preguntó esta vez, sin decirme aún qué me podía ofrecer para comer.
Yo me hubiera quedado aguardando toda la noche sus preguntas abiertas con tal de alargar ese encuentro. ¿Qué tenía esa mujer de sobresaliente más allá de ese pelo ondeante que se extendía hasta su vientre sin cubrir la hendidura de sus senos? En ese momento en mí sólo había deseo, instintivo, básico. Llevaba ya cinco meses sin irme a la cama con una mujer y ese viaje había cancelado la posibilidad de acostarme con una amiga que me gustaba y con quien podría iniciar una relación. Miraba ese escote, esa lanza que ascendía hasta su cuello y que sólo yo creía ver.
---No, soy de la costa--- respondí, y de inmediato me arrepentí: temí que esa información sobre mi procedencia, tan lejana, tan mal avenida para las gentes de la sierra, extirpara en ella el deseo de seguir conversando conmigo.
---Si trabaja en lagos de altura, seguro que conoce el cochayuyo ---me dijo---; pero yo apostaría a que jamás ha probado el wayranto.
Repuse que no, y estuve feliz de darle la razón en su suposición, de hacerla sentir segura, por encima de mí. Ella me explicó que el wayranto es un alga exclusiva de los lagos y lagunas de su zona; un alga rojiza cuya textura se asemeja a la carne de res y su sabor al de la codorniz, quizás porque sólo brota entre junio y agosto, aupada por los ventarrones de esa temporada.
---¿Quiere entonces que le prepare un revuelto de wayranto, acompañado por un puré de papas? ---propuso con una sonrisa.
---Sí, sí ---accedí, con la boca hecha agua, y con la voz titubeante me atreví a pedirle lo que más deseaba---: ¿Tendría usted la gentileza de acompañarme a cenar? Yo pagaría su plato, como si usted fuera una amiga a la que he invitado esta noche...
Estoy viendo sus ojos, ya no con mis ojos, solamente con ese viento de nostalgia que es la memoria de lo que se ha perdido; que se aferra a recuerdos fragmentados, reinventados; que se empecina en encontrarle sentido a las cosas. Y los ojos que veo, los ojos que hoy creo haber visto en ese momento, tenían el reflejo de dos piedras basálticas, eternas en fuego o en lago, listas para perderse de mi vista sin explicación, y acaso listas para conjurar mis teorías y perderme a mí.

domingo, 19 de diciembre de 2010

1984 de George Orwell

La Mejor Época para Leerla.
Infolector Logo.
Según se señala en El blog de enriqe Dans, esta, la de Wikileaks y la lucha por la llamada "neutralidad en la Internet", es el mejor momento para leer o, en su caso, releer la obra de George Orwell, 1984. Consignamos parte de lo señalado por Enrique Dans:
No sé cuándo tuviste oportunidad de leer 1984 [Suceso.] , una de las obras más visionarias e impresionantes de George Orwell, pero tanto si no la has leído como si lo hiciste hace tiempo, te costará encontrar una mejor ocasión para hacerlo. No es un recurso retórico: si no leíste aún 1984, hazlo ya. Tienes librerías para comprarlo, infinidad de sitios de donde bajarlo cómodamente [Suceso.] , y unas vacaciones por delante. Si ya lo leíste, pero fue, como muchos, cuando te lo recomendaron en el bachillerato o hace años, es el momento de releerlo.

Para los usuarios de Infolector, descargar la novela 1984 de aquí.

domingo, 12 de diciembre de 2010

'Elogio de la Lectura y la ficción' por Vargas Llosa

Discurso en la Recepción del Nóbel de Literatura.
Fundación Nóbel.

Foto: Reuters
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d'Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma -la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos -aunque nunca llegaremos a alcanzarla- a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy -que trato de ser- fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, IsaiahBerlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsiade Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.
De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.
De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.
Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman "las raíces", mis vínculos con mi propio país -lo que tampoco tendría mucha importancia-, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.
Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si -el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan- el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.
Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de "todas las sangres". No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el Àfrica con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!
La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.
Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso -triste consuelo- descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.
De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.
Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de cómo, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.
Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.
No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del "otro", siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.
El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban "el pie ajeno" -lindo y triste apelativo-, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño -la llamábamos el Barrio Alegre-, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.
El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Àlvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: "Mario, para lo único que tú sirves es para escribir".

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